sábado, 27 de octubre de 2012

La Canción es la Misma

Experiencias distintas, códigos diferentes para asaltar una misma realidad. Vos y yo somos muy distintos, pero en algún lugar indeterminado nos encontramos. Bien podrían ser épocas diferentes y que por azares del universo se cruzan en un mismo plano. Vías de acceso opuestas a un mismo lugar, sabemos que son historias particulares, con sus propios bemoles y afanes. Por eso, tal vez, no sienta nada en la piel y hasta den ganas de jugar desde este lugar tan estrecho que es mi propia historia. Muchas veces no encuentro puntos de referencia, se me confunden con los lugares olvidados y los fantasmas que los habitan; pero resulta que los míos están bastante domesticados y de una u otra manera logro controlarlos con encantos que llaman al orden.

Mis opciones para escapar son tan racionalizadas como peligrosas para perderse definitivamente, porque la contingencia se hace cada vez mayor y la indeterminación se convierte en una amenaza constante contra la que no se puede luchar. Las contradicciones se hacen cada vez más profundas y ante la falta miedo no existe nada que te indique cuando debes regresar, la illusio se puede prolongar infinitamente y no hay manera de encontrar señales coherentes. El limbo sería un lugar más apacible. Mi deseo se encuentra en…

Las calles también son tuyas, también es tuyo el asco y la desesperanza, como tuya es la inocencia que te ofrendé un día. Después de tantos años no hay arrepentimiento, sólo demasiado tiempo acumulado entre nosotros, una extensa distancia que nos separa del punto donde, por casualidad, nos encontramos.

Ya nunca tus calles serán las mismas que yo recorro, ni las personas conservarán los rostros que imaginaste en tu cabeza, por capricho. Tú olvidas y yo lo recuerdo todo, vos sos tan etérea y yo terrenal, tú falsamente espontánea y yo ridículamente calculado. Esta ciudad carga las incoherencias de tus actos, fue testigo de mi acecho a tu figura, tratando de encontrar ese viento púrpura que tanto te molestaba, pero solo me fue posible hallar el polvo que cubre los edificios del centro y la brisa que baja de los farallones. Esta ciudad lo tiene todo para hacer claudicar a cualquiera que pretenda encontrar su esencia, su necedad, su irracionalidad, su aroma a sexo de morena ardiente te hace pagar el atrevimiento.

Todo queda en la memoria, en la palaciega habitación de los absurdos junto con mi caminata por todo el continente, mis días de comunista. Persiguiéndote me encontré en el exilio del tiempo que me tocó vivir y en el proceso te convertiste en un espectro atrapado en un cuadro, una foto o un libro. Ahora se que siempre estuviste ahí, terriblemente presente, sos parte del juego, como las calles que me ahogan con sus obviedades.