miércoles, 31 de octubre de 2012

Muerdo las cuerdas que juntan las teorías en un amasijo iracundo, a ver si encuentro el gusto a este arrebato epistemológico que me obliga a soñar con utopías, porque, al final, todo es cuestión de método.
Y me pierdo cazando la ciencia de los versos, por eso prefiero las prosas cansinas pero predecibles, las que dejan rumiar el tema y tumban del agotamiento, las que me esperan para el cambio de rutina, tan seguro como que cada exhalación oxida los engranajes. Poco a poco.
Ahogo cantos en las conjeturas para que se conviertan en pesadillas, en licores exóticos que van revelando las cuotas de la imposible cordura.
Todas mis versiones de la paciencia, de la agonía y de mis fantasmas constituyentes desfilan como un sueño de Kurosawa, como un designio trazado desde el primer suspiro, ese que no se recuerda pero que inició todas las pulsiones.
Busco, porque los caminos incitan...

lunes, 29 de octubre de 2012

Digresión

Causa curiosidad cómo se ha pretendido llevar a cabo la justicia en nombre de la uniformidad de pensamiento, en una regresión disfrazada de bien común que exige un acatamiento acrítico de ciertos valores sociales que, en el fondo, no están bien fundamentados. La sociedad moderna ha edificado todo un sistema de creencias en la institucionalidad del Estado como defensor de un deber ser universal, sobre la base de falacias que la ciencia se ha encargado de validar.
La concepción liberal del hombre y de la sociedad, parte del reconocimiento de las libertades individuales y de las instancias e instituciones que hacen posible el ejercicio de tales libertades. Al Estado moderno, escenario privilegiado del ejercicio del poder, se le anteponen los elementos éticos y políticos del liberalismo que pretenden prevenir la aparición del absolutismo gubernamental y las intenciones de restringir el acceso a la verdad de los pocos que detentan el poder. Los argumentos que aducen los autoritarios, los dogmas y las ideologías se oponen al liberalismo, en cuanto no hay espacio para la deliberación racional de los preceptos y valores que guían una sociedad.

El problema racional que enfrenta el liberalismo, consiste en la fundamentación epistemológica de los valores que intentan enarbolar, terreno en el que no se encuentra en mejor posición que sus detractores. La ascensión de la libertad como valor fundamental termina en arbitrariedad y contrario a las normas de la ciencia positiva, en tanto no existe ningún medio para comprobar los postulados morales y políticos del liberalismo. Sin embargo, siempre se ha podido acudir al argumento de la tolerancia como elemento constitutivo del liberalismo y de su capacidad para acoger múltiples puntos de vista, lo que pretende constituirse en otro valor fundamental. El control racional de las creencias, no obstante, implica la superación de ciertas fases en la argumentación tendientes a dar primacía a unos valores por encima de otros, haciéndolos ver como incompatibles con el valor supremo.

En este proceso, donde los liberales entran en el aprieto de intentar demostrar de manera científica positivista la validez de sus postulaciones éticas, se llega a la imposibilidad de defender las propias posiciones, y si el liberalismo no se contradice, cualquiera podría estar en la capacidad de argumentar posiciones radicalmente contrarias a las del liberalismo acudiendo básicamente a los mismos criterios de validación. Es en esta incapacidad de determinar la validez de los juicios morales o valorativos mediante métodos racionales en que se basa el escepticismo ético. El liberalismo y el racionalismo unidos en la tarea de someter a examen crítico todas las posiciones, llegan al punto de no admitir ninguna razón posible que se encuentre por fuera de sus valores constitutivos y el escepticismo ético se configura en una especie de postura facilista que permite salir al paso a los debates y que se configura en parte constitutiva de una arbitrariedad con “buenas intenciones”.

Se trata de plantear las preguntas, porque todas son necesarias.

sábado, 27 de octubre de 2012

Ichi, ni, san…
Ichi, ni, san…
Los pasos, uno detrás de otro, monótonos y simétricos,
unidos por el ritmo cansado y… el destino.
He llegado hasta donde estoy y no he ido más allá,
el camino que he recorrido es el pasado
y lo único que puedo ver desde aquí es lo que mis ojos pueden ver.
La historia la tengo en mis pies y sus vestigios son las huellas,
es lo único que queda en el sendero,
evidencias de mi trasegar y de mi propia existencia.

Aparecés vos, la guardiana de los atajos indebidos,
caminando delante de mí, como si nada,
esperando que te nombre para mirar hacia atrás.
Yo, tomo las precauciones y me quedo en la seguridad de mis elucubraciones, 
en las aparentes tranquilas llanuras de las concepciones del mundo.
Te observo, oculto, pero con tu complacencia,
escucho tus historias narradas al viento obstinado en arrebatar tu pelo.
Yo me quedo en las apariencias,
con la máscara puesta y los discursos elaborados
sobre quien soy y lo que deseo.

La Canción es la Misma

Experiencias distintas, códigos diferentes para asaltar una misma realidad. Vos y yo somos muy distintos, pero en algún lugar indeterminado nos encontramos. Bien podrían ser épocas diferentes y que por azares del universo se cruzan en un mismo plano. Vías de acceso opuestas a un mismo lugar, sabemos que son historias particulares, con sus propios bemoles y afanes. Por eso, tal vez, no sienta nada en la piel y hasta den ganas de jugar desde este lugar tan estrecho que es mi propia historia. Muchas veces no encuentro puntos de referencia, se me confunden con los lugares olvidados y los fantasmas que los habitan; pero resulta que los míos están bastante domesticados y de una u otra manera logro controlarlos con encantos que llaman al orden.

Mis opciones para escapar son tan racionalizadas como peligrosas para perderse definitivamente, porque la contingencia se hace cada vez mayor y la indeterminación se convierte en una amenaza constante contra la que no se puede luchar. Las contradicciones se hacen cada vez más profundas y ante la falta miedo no existe nada que te indique cuando debes regresar, la illusio se puede prolongar infinitamente y no hay manera de encontrar señales coherentes. El limbo sería un lugar más apacible. Mi deseo se encuentra en…

Las calles también son tuyas, también es tuyo el asco y la desesperanza, como tuya es la inocencia que te ofrendé un día. Después de tantos años no hay arrepentimiento, sólo demasiado tiempo acumulado entre nosotros, una extensa distancia que nos separa del punto donde, por casualidad, nos encontramos.

Ya nunca tus calles serán las mismas que yo recorro, ni las personas conservarán los rostros que imaginaste en tu cabeza, por capricho. Tú olvidas y yo lo recuerdo todo, vos sos tan etérea y yo terrenal, tú falsamente espontánea y yo ridículamente calculado. Esta ciudad carga las incoherencias de tus actos, fue testigo de mi acecho a tu figura, tratando de encontrar ese viento púrpura que tanto te molestaba, pero solo me fue posible hallar el polvo que cubre los edificios del centro y la brisa que baja de los farallones. Esta ciudad lo tiene todo para hacer claudicar a cualquiera que pretenda encontrar su esencia, su necedad, su irracionalidad, su aroma a sexo de morena ardiente te hace pagar el atrevimiento.

Todo queda en la memoria, en la palaciega habitación de los absurdos junto con mi caminata por todo el continente, mis días de comunista. Persiguiéndote me encontré en el exilio del tiempo que me tocó vivir y en el proceso te convertiste en un espectro atrapado en un cuadro, una foto o un libro. Ahora se que siempre estuviste ahí, terriblemente presente, sos parte del juego, como las calles que me ahogan con sus obviedades.

viernes, 26 de octubre de 2012

Esquema de Autodestrucción.

Sepultar sin lágrimas lo que se anticipó a morir, las cosas que se agotaron en posibilidades, los sentimientos que se esfumaron en la duración de un pensamiento vago e inútil.

Vender el alma por el conocimiento del mundo; desde una torre de piedra vigilar la vida, sentenciar lo profano y lo sagrado. Razones sobran para convencer de habitar el dulce infierno.

No esperar nada de nadie. Aceptar halagos para precipitar la esclavitud. Preferir la soledad, que nunca abandone el cuarto oscuro. Tener la esperanza de la autenticidad banal, de sacrificio por ideales vacíos, que más da si todo era igual y será lo mismo. Esperar el acto adecuado, agazapado.

No arrepentirse, ignorar la memoria. Utilizar las falacias de la voluntad para caer bajo, sin pedir perdón. 

Repetir, repetir. No saciar el hambre.
Hace falta una historia o hacen falta excusas para enfrentar las épicas cotidianas. Desde que me conozco, las respuestas han sido elusivas y ese pequeño detalle se ha convertido en reiterativo castigo, en el mundo incongruente donde todo se inventa por pedazos y a destiempo, como un instrumento desafinado interpretado por quien carece de ritmo, pero que persiste en su proceder. Las historias empiezan, pero no alcanzan a confrontar el núcleo del dilema sino es de forma irrelevante, porque la condición humana se esconde en artilugios intelectuales. Nada termina y todo vuelve a empezar… el perro persiguiendo su propia cola.

Ni es útil ya...

El silencio tiende a convertirse en palabras,
en fórmulas intrincadas de las expectativas.
Reacción en cadena que desata consecuencias sin identidad con sus causas.
No te percatas de los detalles y yo insisto en el fondo del asunto,
porque la disputa por la razón es más grande que el fin mismo.

Ya no tengo idea donde ha empezado todo, ni es útil ya.

jueves, 25 de octubre de 2012

Susurro.

A veces, parece que me hablaras,
detrás de los artificios que disfrazan los semblantes.
A veces, siento que no hay posibilidad para los rencores,
cuando me imagino el viaje que tenemos por delante.
A veces, el mundo obliga cuando el corazón revuela.
A veces, las huellas se parecen al arrepentimiento,
pero siempre harán parte de nuestra historia.
Nunca es un error vivir.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Por el camino.

Canciones rondan por las discrepancias entre las convicciones, las conveniencias y el destino, que pretende dominar a los demás.
Canto mientras camino, porque se que no me escuchas, porque los vientos nos separan tan definitivamente como las montañas y los valles inundados con nuestras soledades.
Cuento las fábulas monstruosas de las desavenencias, de todos esos momentos que atacan, en la noche, los sueños plácidos y los devoran sin piedad:

“Había una vez, que aquel que cuenta esta historia era otra persona. Una de las que, simplemente, creía en las fantasías de la razón y que nunca consideró la posibilidad de perder la cabeza. Hasta que conoció los sótanos de su propio ego. Se precipitó a los fondos para probarse a si mismo que era capaz de salir indemne…”

La moraleja es que nadie puede, que hay amores como cicatrices, que hay personas como pájaros migratorios que siempre regresan, que los deseos deben tener algo de imposible y que los laberintos pueden ser un lugar confortable, hasta el punto de llegar a aterrarte cuando llegas a la salida.

Alguien te susurra que debes regresar…

Apuesta.

Carencia de los cálculos adecuados. Acordes disonantes.
Las noches y nuestras treguas son mis excusas para buscar los caminos enmarañados. Deshabituados de caminar juntos, el indefectible sofisma me muestra las opciones que nos separan por caminos paralelos: una eterna obra inacabada, recreada rutinariamente para asimilarse a la armonía que sostiene un orden ajeno a las pulsiones, la razón que busca ser útil para apaciguar las íntimas batallas. Desde el fondo observa el anverso de la carta, la entera insatisfacción que se nutre de las obsesiones que nos han atado.
Supersticioso, el camino será allanado por los justos juegos del azar.

martes, 23 de octubre de 2012

Preámbulo de la Revolución.


Se confunden los términos, nos han tachado de infames, de iconoclastas, de especuladores que se han dedicado a contemplar la metafísica. No han entendido que el movimiento del mundo es cualquier cosa, menos evidente. Los engranajes van por dentro de la carcasa.

Las metáforas sobre la libertad y la igualdad ensombrecen el criterio de los que, inocentemente, reproducen el vacío y la inconsistencia, porque la funcionalidad exige autismo, erigido como una muralla que separa la masa de los, afortunadamente, desadaptados…

Fábula.

Yo lo vi, estoy seguro de eso. Fue la noche en que decidí no dar prórroga a la espera y arriesgar los verbos, adjetivos y sustantivos para lograr que tu atención no se fuera a pasear con las minucias.
Estaba allí, tomando una cerveza de marca nacional, acreditando los mitos que hablaban de que se había venido a vivir al trópico.
Y vos estabas en medio de mi prestidigitación dialéctica y el aparecido héroe, contándome las pestañas y sincronizando tu ritmo con el mío, concretando las intenciones.
Hasta ahora no te lo había dicho, porque, simplemente, no lo habrías creído. Él fue testigo de todo, mudo, indiferente, pero testigo al fin, de todos los esfuerzos que tuve que hacer para no saltar del asiento.
Y vos seguís aquí, prestando toda la atención a mis fábulas.

lunes, 22 de octubre de 2012

Ligando sucederes, pequeñas elucubraciones en medio de la rutina, se van llegando a conclusiones con pretensiones de decisión final.
Estoy pensando porque la injusticia cotidiana se va colando por las teorías explicativas, estoy pensando porque el dolor siempre ha estado en la punta del discurso, porque no se puede rendir culto a las formas y despreciar la vida.
Orígenes y consecuencias se van confundiendo con los medios inadecuados y los fines sin justificación.
Desde las inconsistencias que me constituyen me declaro competente para no callar, para traducir códigos y leyes desafortunadas en posibilidades de cambio y entendimiento, porque de nada sirve saber y no hacer nada con eso, como quien acumula y se jacta de ser un miserable.

domingo, 21 de octubre de 2012

Noche insatisfecha,
Velos y ambigüedades
Estrechas a los cuerpos,
Secuencias en repetición,
Sagrados ritos
Del albedrío en rebeldía,
Necesidad de la literalidad
En tus líneas irrespetuosas.
Contemplación del otro
sin tratar de persuadir, ni siquiera hacer pesada la mirada.
La espera no significa constancia, es una manera de ocupar un lugar en el espacio, en la entraña del absurdo que se va dilatando cada minuto.
Escribir para no dejar escapar los pequeños instantes de cordura, para retener los sentidos y significados de un mundo que colecciona información pero que olvida con una facilidad que ensombrece nuestras propias capacidades. Soy capaz de sacrificar este orden establecido por una palabra.
Los presentimientos que se llevan en la sangre se parecen al destino, sentimos como obligación cumplir lo que se nos ha dado por herencia.
Si es nuestra naturaleza u obstinación, no importa cuando se han desencadenado las consecuencias de aquello que es mandato, cuando no hay fuerzas ni argumentos para oponerse.
Y todo vuelve a empezar. Por eso la historia se escribe cuando los muertos pesan sobre las conciencias y los fantasmas rondan las ideas.

sábado, 20 de octubre de 2012

Me sostengo en las bemoles, en las frases que parecen inacabadas o columpios movidos por el viento.
Me ratifico en la ambigüedad, en la incompletitud de la razón, en esta temporalidad recurrente que se parece al infinito.
He perdido el curso cautivado por tus verdades, pero siempre he vuelto a mi confortable caos.

Y la amaba.

Terminó de escribir mientras sonaba el solo de guitarra de Hey Joe!, versión Hendrix, interpretada en una de las Sesiones de la BBC. Fue como una epifanía.
El cuarto estalló en luz roja del atardecer, el viento irrumpió decidido pero gentil. Por un instante una metáfora de armonía cubrío el ambiente, normalmente anodino. Ansioso ya, no podía sino esperar la hora de encontrarse con ella, mostrarle su obra, su descubrimiento estético con el que - ya lo imaginaba todo, las conferencias, las reverencias de los pseudo intelectuales - se cambiaría la forma de escribir y de interpretar el mundo. La sociedad contemporánea presentía el momento de su renovación, incluso cuando sonó la última nota del iluminado Hendrix. Eternidad era lo que le esperaba.
Cumplido el angustiante plazo, salió a su encuentro, al final de la jornada universitaria. La envolvió con una abrazo insospechado, le besó fuerte una mejilla y luego un susurro en los labios que parecía un te amo. No dijo nada más y apenas pudo ver su rostro. Le extendió el manuscrito y se retiró unos pasos para tener una mejor perspectiva de las reacciones sucitadas por su obra. Él esperaba estupefacción, esa sensación pétrea que algunos adoptan ante la magnificencia. Pero un salto con los brazos extendidos hacia él y un beso acompañado de lágrimas por la experiencia mística también sería adecuado.
Leía atenta, lo miraba brevemente, volvía al manuscrito y sonreía. Sus ojos eran dos grandes hoyos marrones entre nubes blanquísimas. Nunca antes había notado tal belleza.
Silencio y una sonrisa perfecta en su rostro. Súbitamente, ya no había distancia entre los dos, sus manos se adelantaron a tomar su cintura. Ella lo miró con ternura, con el genuino amor que sentía por él.

- ¿Cómo así...?
Tengo tu sabor como marca en mi aliento.
Bebo otro sorbo, hondo.
Tengo tu forma atada a mi contorno.
Respiro profundo.
Luego, desaparezco.

viernes, 19 de octubre de 2012

Un padre y su hijo venden alondras de papel, caminan las calles húmedas y frescas por la lluvia recién caída.
Estando joven la noche, los veo leyendo un libro sucio de tanto pasar los dedos por las páginas y las líneas, repasando los versículos que mañana repetirán para justificar su destino, para embellecer los rostros grises, para paliar el cansancio, para dar gracias por los niños que juegan con su curiosa mercancía voladora.
La esperanza sorprende siempre y no hace ningún esfuerzo por ocultarse, se renueva en la inocencia, a pesar de las frentes quemadas y los ánimos escasos, a pesar o, tal vez, por causa de las ficciones y los mitos que nos recuerdan una magia imperecedera, magia que oculta el yugo y disfraza la injustica.

Experiencia...

Nunca aprendí a sostener tus lágrimas. Siempre consideré que eran inoportunas, parte de una especie de chantaje que se me antojaba insondable porque los códigos eran para mi inaccesibles.
Que el lenguaje es ambigüo ya lo sabía, no esperaba que lo inentendible hiciera parte de la nostalgia, que tus acertijos siguieran desafiando mis limitaciones.
Un amor oculto, la palabra fugaz que no vuelve a aparecer, la que es necesaria para completar la historia inaudita de las soledades paralelas.
Un millón de veces el mismo clamor…

Vos...

Ficciones realizadas, versiones de un caos estrepitoso.
Así estamos,
vos enviando mensajes que no te atrevés a asumir
y yo haciendo el tonto porque es más cómodo.
Vos esperando en la esquina y yo viéndote desde el balcón
Vos con tus fábulas de nosotros y yo con ganas de vos.

jueves, 18 de octubre de 2012

¿Y de los recuerdos?

No hay satisfacción total en el transcurso de la vida,
el aplazamiento, la interrupción, la incompletitud.
¿Será generosa la muerte en el último suspiro?
Puede ser el retorno deseado lo que se reproduzca,
de nuevo, en nuestra mente,
o una ficción total que se despliegue
como un manto mágico ante nuestros ojos.
O la angustia...

Fragmento II

Los libros dicen una cosa, la vida enseña otras. Al principio no entendía nada de lo que hacía; me la paso toda la mañana descubriendo en el diccionario del abuelo, el más ortodoxo de la Real Academia Española, la etimología de las palabras que había sacado aparte en un cuaderno. Terminada la segunda hoja me parecieron demasiadas, por lo que recriminé a mi memoria, mi ignorancia y la falta de concentración. Reinicié la lectura con un café y un cigarrillo arrugado que encontré en el maletín de la universidad. “Los hombres abandonaron su estado natural en el momento de empezar a limitar el mundo a su estrecha mente; se nominalizó, se simbolizó, se significó, ¡que viva la evolución!; nos desplazamos, nos multiplicamos, arrasamos, nos dominamos, no nos dejamos, ¡viva la revolución!, nos enriquecemos, nos matamos…” Cosas muy peculiares suceden en este mundo.
De los bosques tropicales, madera de la fina. Gente sacrificándose cortando la madera, transportándola, transformándola. Toda la teoría económica clásica en una mesita común y corriente, en una cafetería cerca de un museo cualquiera. Sentadito él, bien sentadito en su asientito de tradición polimérica industrial de occidente. Intelectualito él, con sus movimientos ambiguos al endulzar el café, el obligado cruce de pierna; ensimismamiento mesiánico intentando reducir sus contradicciones de la manera menos dialéctica posible, porque Hegel la estaba cagando, porque el mundo es complicado ya, y a punto de ideas peor. Esto no es precisamente la casita del Demiurgo. ¡Un poquito de respeto por favor!
Si en lugar de haber caído una manzana hubiera sido un aguacate, ¿sería la gravedad algo diferente de un guacamole? No hay manera de saberlo sin evidencia. El vapor caliente del café entra por el espacio intertextual de las ideas, descomponiendo la materialidad de ciertas pulsiones vitales: sudar, temblar. Esta aterrorizado y asqueado de estar sentado ahí, en una mesa inofensiva, tomando café descafeinado; un nombre y un lugar, con medio centenar de personas atestando el ambiente con divagaciones insípidas, con olor a sentido común. No está enfermo para sentirse tan mal. Los médicos saben de medicina, los chamanes adivinan y etiquetan: depresivo, paranoico, neurótico, histérico, pesimista recalcitrante. Manías perversas para sacar plata del incauto. La pirotecnia de estos tiempos deslumbra las muchedumbres ávidas de experiencia, de goce fácil, de adrenalina embrutecedora. Caminando hacia el futuro se encuentra uno con que está muy lejos y los caramelos son demasiado sospechosos. Sin embargo los entusiastas los devoran, con la consecuente indigestión necesaria para dejar el rastro hediondo a los que vienen atrás. Es obvio, la mierda es metafísica y viceversa.
Trata de atrapar las pasiones con una pequeña línea y un anzuelo y como carnada una palabra. Se queda esperando al borde de un suspiro para pescar una y tener la necesidad de escribir sobre su forma, su historia, su muerte en las aguas de la memoria. No hay manera más hermosa de purificar las caricias y los besos, que no sean de nadie, retornarlos a la nada. Eternizar.
If you should go skating on the thin ice of the modern life”… “Don’t be surprised when a crack in the ice appears under you feet”. Alguien dijo lo que “yo” pensé. En alguna parte alguien sintió lo que siento “yo”. Solidaridad con el sufrimiento pangéico. Cada minuto vivido, cada palabra expulsada con aliento rebelde, el karma renovado de lo que no se puede cambiar se enreda y se oculta entre las imágenes del televisor, en las notas de la canción que está sonando, en los constructos científicamente concebidos para mostrarme la verdad. “¿Do you want my blood, do you want my tears? ¿What do you want?”… “Play these strings until my fingers are raw”. Intentos de fuga vanidosamente ridículos, estruendosamente inútiles. Representar a petición del público las mismas sentencias y las mismas necedades.
La ciudad está tranquila, ventea agradablemente, los carros fluyen con facilidad, unos venden y otros compran, las caras se chocan y las miradas se esquivan, los atrevidos preguntan y los descarados contestan. Sobre la mesa unas hojas amarillas de un cuaderno, en las hojas simples fisgoneos sobre “la dura realidad”. Mientras tanto no hay nada que decir.

Fragmento I

Cuando el cielo parece abrirse para dar paso a la calma llueve más y más. Es una tranquilidad falsa. Así se sintió cuando creyó encontrar la respuesta. Se derrumbaron, de pronto, todas las certidumbres y hasta las incógnitas más grandes del cosmos reclamaron ser resueltas. Pero, ¿quién es ella para conocer todo acerca del bien y del mal? Optó por el silencio. No deseaba entregar su vida como el inocente que no sabe que guerra pelea. Lo que creía era su verdad. Las palabras desesperadas se purificaron por el dolor y se borraron con los días. Se fue sin mirar atrás ni al horizonte, con ganas de seguir cayendo.
Ahora regresa, como si nada, como siempre. Yo tratando de olvidarla y ella haciéndolo efectivo. El olvido es ausencia, insensibilidad del cuerpo ante un recuerdo. La música del piano ya no suena como antes pero sus dedos siguen igual de gráciles. Ella olvida para no enloquecer. Cree olvidar. Jugaba, para no atormentarse, con las fotos en blanco y negro de cuando el mundo carecía de la policromía que ella conoce en la ciudad, en la ropa y en su cabello. Los libros de historia son ajenos, ella no sufrió de raquitismo en la batalla del Marne. Nada la conmueve, su cuerpecito es incapaz de recurrir al estremecimiento porque su cerebro no tiene memoria. Ella vive los instantes, los fugaces, los enfermos, los simples, los que no dan tiempo para atraparlos, los que son muy livianos para dejar huella. Pero hasta ahora solo ha jugado, su efímera vida no pasa de ser un simulacro; ella intenta hacer de los fragmentos un ser. Totalidad disociada. Tal vez no sepa como debe morir.
¿Puedes definir algo etéreo?
¿Puedes explicarme el tiempo?
Soy terrenal
Soy mortal
Puedo decirte que estoy sola cuando me alejo del mundo, decirte que estoy triste cuando peleo conmigo; extrañarte cuando no te encuentro ni siquiera en mis sueños, cuando todo se siente tan vacío, cuando el silencio se extiende hasta mis huesos.
Debo volverme invisible, estar con todos y contigo también. Invisible para no reflejarme en tus ojos, con miedo a reconocerme y desnudar inconscientemente mi oscuridad, que se escape y te invada el alma desde los poros. La luz puede herirme.
¿Vale la pena descifrar tanta incoherencia?
¿Bastará con una mirada al pasado para debilitar el muro, para franquear la resistencia que opongo?
Estoy en un campo abierto y soy el blanco perfecto.

Denegación.


Yo ya no escribo poemas porque la música siempre me deja esperando, entre otras cosas, pero pasa también que me desespera con sus velos y sus formas tan subterráneas, tan fangosa y en ocasiones hasta primigenia. Prefiero el cansancio de un párrafo largo y olvidadizo, desprevenido e insensato, de los que se paran en la mitad de la calle rehusándose a seguir caminando. Luego, y ahí si, cuando nadie la llama, aparece la canción adecuada elevando al viento mil cuartillas de incomprensión pura, de necedad estrambótica que se niega a ser poesía.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sobre el individuo.

Algo o alguien, crea al individuo como reificación necesaria a las condiciones exteriores, que se oponen a los fundamentos de la humanidad. La resistencia se mide por la vía contraria, cuando los presupuestos ontológicos se desarrollan, alejándonos de las presunciones de respeto y garantía de esos fundamentales, porque la realidad es imperio de la injusticia. La dignidad, la libertad, la justicia o la igualdad se van ganando, cada generación debe ejercitarlos, so pena de deperdiciar el sacrificio de sus antecesores. En todos los casos, hay contradicción, lucha, agonía permanente, con la promesa de un mejor mundo posible sobre el horizonte.
El viento nunca deja de soplar. No imaginamos la forma de las costas que caminamos hasta que estamos muy lejos, mar adentro.

No, por favor.

No te conviertas en paisaje, en arquitectura prosáica de ciudad gris y corrosiva.
No te pierdas en mis especulaciones ni te salves en las teorías de estos mundos paralelos.
No te afanes detrás de las consecuencias, siempre te alcanzarán por la espalda.

Long Distance Runaround

Los libros dicen una cosa, la vida enseña otras. Al principio no entendía nada de lo que hacía; me la paso toda la mañana descubriendo en el diccionario del abuelo, el más ortodoxo de la Real Academia Española, la etimología de las palabras que había sacado aparte en un cuaderno. Terminada la segunda hoja me parecieron demasiadas, por lo que recriminé a mi memoria, mi ignorancia y la falta de concentración. Reinicié la lectura con un café y un cigarrillo arrugado que encontré en el maletín de la universidad. “Los hombres abandonaron su estado natural en el momento de empezar a limitar el mundo a su estrecha mente; se nominalizó, se simbolizó, se significó, ¡que viva la evolución!; nos desplazamos, nos multiplicamos, arrasamos, nos dominamos, no nos dejamos, ¡viva la revolución!, nos enriquecemos, nos matamos…” Cosas muy peculiares suceden en este mundo.

De los bosques tropicales, madera de la fina. Gente sacrificándose cortando la madera, transportándola, transformándola. Toda la teoría económica clásica en una mesita común y corriente, en una cafetería cerca de un museo cualquiera. Sentado él, bien sentado en su asiento de tradición polimérica industrial de occidente. Intelectual él, con sus movimientos ambiguos al endulzar el café, el obligado cruce de pierna; ensimismamiento mesiánico intentando reducir sus contradicciones de la manera menos dialéctica posible, porque Hegel la estaba cagando, porque el mundo es complicado ya, y a punto de ideas peor. Esto no es precisamente la casa del Demiurgo. ¡Un poquito de respeto por favor!

Si en lugar de haber caído una manzana hubiera sido un aguacate, ¿sería la gravedad algo diferente de un guacamole? No hay manera de saberlo sin evidencia. El vapor caliente del café entra por el espacio intertextual de las ideas, descomponiendo la materialidad de ciertas pulsiones vitales: sudar, temblar. Esta aterrorizado y asqueado de estar sentado ahí, en una mesa inofensiva, tomando café descafeinado; un nombre y un lugar, con medio centenar de personas atestando el ambiente con divagaciones insípidas, con olor a sentido común. No está enfermo para sentirse tan mal. Los médicos saben de medicina, los chamanes adivinan y etiquetan: depresivo, paranoico, neurótico, histérico, pesimista recalcitrante. Manías perversas para sacar plata del incauto. La pirotecnia de estos tiempos deslumbra las muchedumbres ávidas de experiencia, de goce fácil, de adrenalina embrutecedora. Caminando hacia el futuro se encuentra uno con que está muy lejos y los caramelos son demasiado sospechosos. Sin embargo los entusiastas los devoran, con la consecuente indigestión necesaria para dejar el rastro hediondo a los que vienen atrás. Es obvio, la mierda es metafísica y viceversa.

Trata de atrapar las pasiones con una pequeña línea y un anzuelo y como carnada una palabra. Se queda esperando al borde de un suspiro para pescar una y tener la necesidad de escribir sobre su forma, su historia, su muerte en las aguas de la memoria. No hay manera más hermosa de purificar las caricias y los besos, que no sean de nadie, retornarlos a la nada. Eternizar.

If you should go skating on the thin ice of the modern life”… “Don’t be surprised when a crack in the ice appears under you feet”. Alguien dijo lo que “yo” pensé. En alguna parte alguien sintió lo que siento “yo”. Solidaridad con el sufrimiento pangéico. Cada minuto vivido, cada palabra expulsada con aliento rebelde, el karma renovado de lo que no se puede cambiar se enreda y se oculta entre las imágenes del televisor, en las notas de la canción que está sonando, en los constructos científicamente concebidos para mostrarme la verdad. “¿Do you want my blood, do you want my tears? ¿What do you want?”… “Play these strings until my fingers are raw”. Intentos de fuga vanidosamente ridículos, estruendosamente inútiles. Representar a petición del público las mismas sentencias y las mismas necedades.

La ciudad está tranquila, ventea agradablemente, los carros fluyen con facilidad, unos venden y otros compran, las caras se chocan y las miradas se esquivan, los atrevidos preguntan y los descarados contestan. Sobre la mesa unas hojas amarillas de un cuaderno, en las hojas simples fisgoneos sobre “la dura realidad”. Mientras tanto no hay nada que decir.

¿En qué habíamos quedado?

En la noche inconclusa, con una casi luna llena que adornaba el negro profundo, una noche que se resistía a ser gastada en una caminata solitaria hasta encontrar el sueño.
¿En qué había quedado yo?
Con las ganas de otra cerveza, de una hora más, de una brisa más fresca y de la llovizna que nunca cumplió su promesa.
Quedó de la noche una canción tarareada sin historia y sin lugar, la incertidumbre y un pequeño atisbo de absurdo dando vueltas alrededor mientras caminaba.
Mis desobedientes pies no hicieron caso y decidieron emprender, en contra de mi voluntad y tu petición, el camino en busca de las palabras adecuadas para describir unos ojos negros, tan esquivos y extraviados como las palabras perfectas que hacen falta para sellar el justo momento.

Especulación de la memoria.

Ya son extraños los días de la correspondencia clandestina, cuando confesábamos cosas de dudosa naturaleza existencial, como precario requisito para desatar las sublimaciones y represiones cotidianas.
No encuentro los caminos, se han borrado las huellas y consumido los ánimos para retroceder en busca de esos misterios nocturnos que me precipitaban a las costas de la angustia al saberte tan lejana pero tan dispuesta para la mortal lúdica del deseo.
Alguna sensación parecida al otoño, que no conozco, me susurra al oído y me ofrece un tibio café con miel, aliciente para la enfermedad del olvido.

martes, 16 de octubre de 2012

Contradicción

Se me va la carne palabra por palabra y se me pierde la sombra cuando volteo a buscar las pistas de la incertidumbre. Se me caen los recuerdos de la canasta cada vez que intento anticipar tu presencia con los trucos de magia de siempre. Esa mañana de los ánimos desprevenidos es una contradicción.

Búsqueda

Ya no hay héroes, no hay guitarras combativas que abran paso entre las metáforas. Entre fieles y devotos voy gritando que algo no encaja, que la inconformidad no es anónima. Te busco entre los grises de la ciudad, entre el unísono del tránsito. Voy desentonando con el mundo, calmando ansias rebeldes.
El sentido de las cosas no se presenta a priori, de hecho, el sentido es externo a ellas. La experiencia es es resultado del entendimiento de lo que ha acontecido, es la carga valorativa que hemos otorgado a sucesos que, naturalmente, puede ser vacios.
La vida sucede y nosotros hablamos en su nombre, nuestras ideas del mundo se superponen una a una creando un tramado, muchas veces, inexpugnable, que nos arrincona en un nudo de contradicciones. Las tergiversaciones y erroneas interpretaciones nacen de nuestra valoracione, de nuestras conveniencias decantadas, nuestras falencias y aspiraciones.
Yo seguiré creyendo, perseverando… partiendo todos los días, con el camino que he recorrido y la inmensidad por delante.

Ritos

Las artimañas de la rutina
Ritos que se parecen a la desesperación
Días cansados, noches intranquilas.
Rumbo predestinado,
Juegos anticipados.
Lugares, sonidos y formas
Todo pertenece a la memoria rediviva.
Hasta que deje de importar.

Mi ciudad

Esta ciudad que grita, aulla y brama.
Ciudad que no fue hecha para pensar,
que plantea todas las posibilidades para la perdición y la injusticia sin consecuencias.
Lugar de los íntimos desencuentros,
de los apegos inconexos y las emociones sin motivo.
Ciudad de esta historia sin más aristas que las que ya desgasta el tiempo,
juez implacable de los deseos incompletos.
Por las palabras correctas se han sacrificado vidas enteras, se han librado batallas y se han fingido historias perfectas.
Para que fueran posibles miles de momentos irrepetibles, se ha desperdiciado lo realmente importante.
Formas con pretensión de trascendencia…
Ojalá exista la prudencia que predicas y la sabiduría que queremos…
Ojalá que las semillas no se sequen al sol, que pueda disfrutar de una sombra milenaria.

Cae el telón.

Cae el telón,
dejando el vacío en el lugar de todo lo que se entregó.
Incompletos nos sentimos por un tiempo,
pero satisfechos por lo aprendido,
 por el alimento para el alma,
que aunque amargo, nos hará mas fuertes y sabios.
Los hermosos recuerdos,
las luces que iluminan las oscuras calles del pasado,
no dejan envejecer los rostros de todos los que amamos y nos hicieron felices.
En las ciudades eternas todos tenemos un lugar.

Retorno

Regresan las dulces rutinas, completas de exigencia.
Traen el cansancio reconfortante, las sonrisas honestas
y las miradas vidriosas del profundo enternecimiento.
Esta noche y todas las que siguen,
no seré sólo de mis deseos.

Como una corazonada...

Fuerte y profundo,
respiración tranquila
los abismos esperan y la oscuridad baila.
Si debo esperar,
que sea en el abandono
leve como la corazonada,
perpetuo como el caos.
No necesito estar frente a mi particular pelotón de fusilamiento para recordar los detalles, circunstancias y personas que han participado de los momentos felices de mi vida. Estarán allí, siempre que sonría y mire el horizonte con optimismo.

Costumbres

Morir,
como una práctica habitual que lleve al desapego,
al equilibrio de las causalidades.

Una ofrenda,
un homenaje a todo lo que será
porque se pagó el precio por anticipado.

Cantos de sirenas...

Cantos de sirenas
Vacío en las ideas.
Valentía nocturna
Amaneceres desencantados…

Por el río, esperé.

Tardes de añejos detalles en medio de eternas revoluciones.
En este Valle se disputan el paisaje el calor y el viento de la cordillera;
no se enteran que el río, en cualquier momento, reclamará su herencia sobre su lecho indómito pero dormido.
Un frío refresco de fruta exótica para disfrutar.
Vos, esperando que sea la hora.

Extravío.

No deberías estar esperando.
Debería estar, yo, descansando en tu morada, aguardando en nuestro lugar
Descontando del reloj los minutos
Hasta que llenaras mis predicciones
Con tu peso sobre las almohadas.

Interpretación.

Aparentemente, un hombre nunca calla o habla lo suficiente.
Siempre asumirá que el mundo existe para dejar manifiestas las limitaciones propias de nuestra naturaleza. Allí empieza nuestra interpretación.

Fotografía de la soledad.

Como si fueran formas sin sombra, palabras sin consecuencia, cicatrices sin vestigios de dolor, así se manifiestan las ideas cuando no conoce la historia quien las enuncia.
Así, como si todo fuera el presente, abigarrado en un puntito ínfimo, casi inexistente. Fotografía de la soledad.

Una estrofa sin rima.

Las manos vuelan como las palabras,
se elevan por los arpegios atravesando el frío de la mañana.
Canciones inconclusas se hacen eternas
como invocaciones de la calma,
como la palabra que no espera
se precipita, se estira y se duerme
en el cálido rincón de la nostalgia.

Idas...

Idas y venidas, vueltas y más vueltas. Un solo camino recorrido que se enreda a lo largo de una sola vida insuficiente para captar cada detalle del paisaje, las miradas de la gente, los cambios importantes que se operan en el corazón de la oscura existencia humana. Lo que se ve en los periódicos y en la tele solo son apariencias de lo que se encuentra oculto, manifestaciones bien manejadas por voluntades inobservables, inauscultables e irresistibles. Ese es el verdadero fundamento del poder, el origen del caos reinante que sirve como escenario cómico del real dominio.

Nuestra ceguera es el sustento de quienes nos desangran, la inconciencia que se vuelca sobre nosotros, llevándonos al hondo abismo de la desesperación que nadie sabe como apaciguar porque ya nadie sabe de donde viene. La razón humana se ha convertido en un monstruo indomable, porque la razón se ha separado de la libertad como fundamento de la vida misma. La vida se vive desde la responsabilidad que eso implica, con el esfuerzo de superación constante. Quien no sea capaz de asumir su vida y su complejidad merece ser esclavo, pues ha entregado, tácita o expresamente, su voluntad, su libertad y como consecuencia su vida.

La historia es en nuestro tiempo una formalidad confinada a los libros, un entelequio sin vida derivada de la costumbre, o el fetichismo de registrarlo todo en cuadros o en tablas. La historia ya no es emoción. Cuando el cuerpo no puede actualizar una sensación se empieza a olvidar, cuando no ha sucedido ya. La memoria no se estima como una posibilidad de conocimiento del mundo que se va decantando y ofrece espacios de reflexión. La memoria se puede borrar en nuestros días, como se borra la memoria de un computador. Las tábulas rasas están al orden del día, pero sobre ellas nada se puede fijar; todo es tan vano, tan efímero, tan liviano que nada se asienta, nada deja huella sobre el pensamiento de la masa.

Careful with that axe, Eugene.

Y va haciendo largos rodeos, tratando de acertar con premoniciones inútiles porque sabe que canción sigue, las ha escuchado mil veces y le siguen encantando como la primera vez. Y qué decir, se siguen perdiendo buenas canciones, novelas huidas de las historias cuadradas, se sigue ignorando que el oxígeno es explosivo, que las mitocondrias te matan de a poco y aún así seguimos respirando, dando un segundo más a la locura. Y la canción era perfecta… Set the controls for the heart of the sun

El sol secamente amarillo de la tarde en Pompeya, la arena, el calor, David tirado en el suelo haciéndole el amor a la guitarra, la percusión diabólica y él con envidia de Martín porque estuvo allí. Al menos eso le hizo creer contándole cada detalle, cada resonar de la música en la ruinas, en las cajas gigantescas de los instrumentos donde orgullosamente decía London; hasta los franceses los querían, a los malditos genios, estos ingleses que cambiaban el libreto cada vez que les daba la gana, como para haberlos juntado con Ionesco y montar el bodrio más grande del mundo. Por lo menos a él le divierten.
Eugene está escribiendo cosas raras, sentado en la cafetería, con el walkman a todo volumen. Mira de vez en cuando, de un lado hacia otro y con un espejo retrovisor se da cuenta de lo que esta atrás. Los sucesos se repiten, caen de nuevo los muertos en las batallas, se dicen los eternos discursos, llegan renovadas las pasiones románticas de los héroes, hasta que no queda otra cosa que su propia imagen reflejada, porque ya no existe otro momento en la historia aparte de su propia conciencia. El tiempo se arremolina en un solo instante, en un presente infinito y abrumador… ¿y como es que se llama la canción? Several species of small furry animals gathered together in a cave and grooving with a pict, todos juntitos tomando café, esperando el desmembramiento, dejándole todo al tiempo. Ya lo había dicho, Eugene está escribiendo cosas raras, hilando fino, perdiendo el tiempo y la cabeza, nunca le gustó del todo que hubieran sacado a Roger y cada vez que escucha A saucerful of secrets se le revuelve el estomago, como cuando se le fue la tortuguita por el sanitario. Eugene está entendiendo que hay cosas que pasan, simplemente, sin consultarle a él, sin una razón. Eugene está mirando una mujer y cantando lo primero que se le venga a la cabeza para distraerse, tratando de encontrar un pequeño espacio entre las ideas, entre las imágenes del desquiciamiento.
Un gran rodeo mientras llega otro día, otra excusa… ¿Acaso hubo una antes?

Waiting...

Esperando que el proceso se vaya desenvolviendo, con plena autonomía, como si no fuera necesaria mi participación.
Dinámicas repetidas, actitudes multiplicadas por todos los rincones que se asemejan a la separación, el sofisma de la independencia que aniquila las posibilidades de la solidaridad y del reconocimiento del otro como mi propia imagen perfectible.
La liberación no llega bajo la invocación de la paciencia y la comodidad instalada desde que la memoria se cambió por la conveniencia, nada sucederá si no existe una creencia ferrea que oriente las ideas y las acciones.
Las ideas y las palabras no cuentan con el tiempo como parámetro ordenador. En cambio, la acumulación y la renovación parecen ser elementos que otorgan sustancia especial al lenguaje. Pocas cosas tienen tanta pretensión de eternidad como las ideas, al punto de gobernar el pensamiento, pesadamente, como cadenas largas que apenas dan espacio para no enloquecerse. El mismo tiempo es definido discursivamente, es tan ambigüo como incansable. Al final, nadie será capaz de descubrir la eternidad para contarnos la historia de su osadía.

Cayendo la noche.

La luna roja y gorda
Sale de las cuerdas eléctricas para salvar la noche
para no decepcionar a los locos ni a los hombres lobo.
La ciudad en su mundana rutina es un solo bullicio,
un cuerpo caliente tirado entre el rio y las montañas.
El viento, entre los cañaduzales, intenta llevarse la música.
El polvo duerme por los caminos, cansado de deambular.
El olvido, a pesar de todo, siempre acude,
se posa al lado la ventana y ya nada es lo mismo,
la lluvia es de aguas extrañas.
La luna mira con ojos ajenos sobre los caprichos de las nubes.
La eternidad se confunde con las casualidades,
la interacción azarosa de los átomos puede crear cualquier cosa,
incluso la angustia cuando no podemos reconocer las formas.
Algunos indicios vienen con vos,
se mezclan con el aliento,
con los ojos abiertos de incertidumbre,
con el silencio de las miradas.

No hay tiempo.

No hay tiempo.

Cada cosa en su momento y lugar. Ayer me regalaste una mentira y hoy me das un beso enredado en mi complicidad. No hay tiempo, va a llover que da miedo y no hay que darle chance a un resfriado. Llévate un abrigo y un paraguas. El tiempo no da vuelta atrás. Por esta época no es que llueva mucho, pero el cielo también se quiere despedir, cantarte las canciones del adiós, delatar la amargura que tengo en el corazón. Toma unos trozos de pan, que no te de hambre en el largo camino que empiezas a recorrer. Recuérdanos con orgullo, sin la tristeza, sin el cansancio de estos años por sobrevivir. No hay tiempo, vete ya.
Como si cada salida del barrio, atravesando los charcos centenarios, estuviera condenada a ser un viaje sin regreso, una odisea postmoderna hacia una ciudad fracturada en dos, cercenada por una calle larga y polvorienta, pero que a pesar de todo podemos obstinarnos a verla tan poética y bella como el sueño atravesado por un río o la mismísima sucursal del cielo. Pero como ya lo sabemos, no hay tiempo; cada cual por su lado y con su pequeñísimo mundo limitado a unas cuantas calles, los rostros familiares, la rumba eterna que carcome los espacios y los sentidos de una ciudad que se opone a ser devastada por el estereotipo. No hay tiempo para ver que apenas sale el sol los farallones se despiertan y levantan la mirada vigilante sobre el valle majestuoso, no hay tiempo para sentir el calor de la mañana que acaricia la piel y la reconforta.
Para qué escribir sobre esta ciudad?
Para curarse, para huir, para conocerse?
Para hechizar, para interpretar, para leer?
Para ser leído, para encriptar, para despistar?
Para qué respiro, para qué me gasto los ojos frente al computador e intento sacar algo a la fuerza, contra la voluntad del universo. Pura terquedad y valentía innecesaria. Para qué me miro en unas letras que mutan tan rápido de sentido, que se confunden con una semiología incomprensible, inaceptable. Estoy tratando de encontrar un cáliz sagrado entre los trastos de la cocina, una epopeya en un chiste mal contado, un suspiro del viento pasando por los espaciecitos de la ventana cerrada que suena como fantasmas que me aterraban cuando era niño y tenía la pierna enyesada. Estoy intentando recordar un cuadro, una foto congelada de los sueños surreales guardada en los archivos de lo inconmensurable. Y esta ciudad se me pierde entre los libros y las películas, esta ciudad se me confunde con todas las ciudades del mundo, con las que han existido y existirán, con las esperanzas y los sueños de sus habitantes, con sus pesadillas y frustraciones también, porque esta ciudad está hecha de seres humanos.
Y me pregunto quién soy yo. Una maraña de sin sentidos, un mundo agonizante que se resiste a dejar de existir y se reproduce como un virus en la cabeza de los demás. Pero qué importa, lo que pasa es que esta ciudad está tan fría como para notar que uno empieza a desvariar cuando llega la media noche… Sharp, distance. How can the wind with this arms all around me,I feel lost in the city… esa canción ya me la sé, la percusión en aparente contra tiempo, tan pedante, tan insumisa que dan ganas de parar la neurosis y seguir durmiendo. Como si se pudiera…
Pero no hay tiempo, hay que seguir buscando las imágenes ocultas entre el cemento, hay que seguir contando la odisea de una ciudad que solo se encuentra y se edifica con cada palabra escrita… La utopía de una ciudad que da tregua para soñar.