sábado, 10 de noviembre de 2012

Nocturno Intrascendente.

Un “para siempre”, hasta que alguien se esmere en recordar, hasta que la memoria alcance.
Entre todas las promesas que se hicieron,
con la luna de testigo,
no encuentro ninguna que satisfaga la ausencia, que reivindique tu figura
entre las brumas de la cama.

Todavía duermo con un ojo abierto,
mirando la ventana,
vigilando las luces de la calle,
esperando tu visita,
queriendo creer que me podrás encontrar, queriendo creer que quieres volar hasta aquí, como lo hago las noches más oscuras hasta tu armario para, desde ahí, verte dormir.

Soy un cuervo obsesionado con las estretegias, olvidadizo de su alimento.
Te tengo cuando no estás, porque lo que poseo se vuelve irrelevante.
Tienes el nombre de mi deseo y tus juegos son la fuerza de mi perdición.
Siempre que no estás, ya parece un “para siempre”.