lunes, 15 de abril de 2013

Esa ventana.

Las ramas se movían por causa del sadismo del viento. No sé por qué razón no se cayeron. Por la pequeña ventana se veían los rayos partir el cielo, la lluvia incesante, los ríos en la calle. No tenía más que mis pensamientos y el sonido de la respiración. Ella había salido, apenas pasada la media noche. No entendía por qué permanecía allí, no sé qué era lo que esperaba. Evidentemente a ella, pero ¿para qué?