miércoles, 3 de abril de 2013

Desde el principio.

Bien podría decir que no has hecho nada, pero con un puñado de palabras y un par de gestos construiste, de nuevo, el imperio de la retórica ineludible.
Basta una pizca de buenas intenciones y  de actos contradictorios para envenenar las aguas que riegan las flores de la primavera, cuando nada es fuerte aún y se siente el frio del invierno, persistente.
Vagas por el horizonte como una profecía inconclusa, alimento de las especulaciones más intrincadas y de los desafueros del alma en busca de que algo se haga realidad.
Empezamos a mover montañas y a secar ríos, a desangrar madres y a matar hijos, todo para que se cumpla algún designio. Pero nada nos convence, nada nos apacigüa ni nos deja morir tranquilos.
Una a una se repiten las secuencias del dolor y del olvido, uno a uno se cobran los errores, con puntualidad y firmeza. Siempre hemos pagado las deudas.
Bien podría decir que no harás nada, pero ya lo has hecho todo.