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lunes, 29 de julio de 2013

Un silencio.

Callar por gusto y no por arrepentimiento,
callar porque el alma se ha sentado a rumiar las lecciones,
no para ocultar los crímenes de la insatisfacción del cuerpo.
 
En una calle quedaron vestigios de una redención inconclusa,
se van componiendo los presagios de una lenta descomposición
como el viento que se va llevando los edificios,
grano de arena por grano de arena.
Mas allá de todo quedarán las dunas silentes.
 
Callar porque espero que un imposible no sea justificación del abandono,
callar porque al nombrarte desapareces.
 

sábado, 2 de febrero de 2013

La Paciencia de la Lluvia (Parte VI)


Miles de personas, millones, vastedades de indiferencia reducida a un número, a contras y conveniencias. Uno de los mayores peligros para la sobrevivencia, es pensar que la soberanía reside en la voluntad de la mayoría. Y si esa mayoría es aplastante, no es más que el unísono de la ignorancia, pesada como la gravedad. En su centro no se puede respirar y las consecuencias de la falta de oxígeno se manifiestan al instante: el imperio de la opinión, de la aceptación acrítica de las injusticias que nos rodean.

A todos nos llega el momento, el mío empezó con el primer invierno del año, huyendo de la lluvia.

Sin mucho por hacer, me senté a esperar que escampara, en una cafetería cerca de la universidad. Pensé en ella cuando vi en la vitrina sus chocolatinas preferidas, tomé dos y pedí un café cargado. Recuerdo que casi me quemé con el café, que me senté mirando hacia la calle en una mesa en el medio del ruido de los carros pasando por los charcos y las conversaciones a mi espalda. Poco a poco, mi atención se desplazó de la malsonancia repetitiva del exterior a las voces de quienes debatían en el interior. No era el barullo de mis ideas, pero era yo hablando en otro tono…

jueves, 31 de enero de 2013

Una noche...

Una noche,
Soñé volando sobre terrazas altas,
Sobre una ciudad desierta, sucia y oxidada.   
Nada se movía por su propio ánimo
El sol suspendido en su cenit
El viento agotado, perplejo.

Ciudad sin murmullos
Ni noches enteras para la tregua
Ciudad de espíritus incompletos,
De aguas asustadas que nunca caen.
Ciudad sin prodigios,
De tumbas saqueadas.

Soñé
Caminando por andenes repetidos
Buscando causas inconexas,
Sombras de martirios huérfanos,
Reflejos sabios, canciones primigenias
Nombres como el tuyo.

Una noche,
Una metáfora de otra noche,
Una angustia de otro sueño,
Una imagen para todos los mitos.
Una luz encendida y sus ojos distantes,
Un suspiro quebrando el silencio,
Un fastidio, hartazgo.
Una ciudad repleta.
Un vacío insomne.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Ciudad para otros.

Ciudad de esquinas poseídas, de relatos peregrinos.
Ciudad que no sabe disimular,
Me persigue a plena luz del día
Y me asalta con la franca figura de la locura,
De la imposible emancipación de la sonrisa,
Capturada en los recuerdos delgados e incapaces
De estremecer, una vez más, la piel.

Nombres desterrados de las encrucijadas
Antes fieles a las citas y a las complicidades.
Nombres sordos y obstinados tributarios de los alientos de otros.

Ciudad de placeres interrumpidos,
De monótonos sufrimientos.
Precario lugar de los deseos de vos,
Palacio de los fantasmas míos.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte V)

Llueve, una vez más. Me incomoda la ropa húmeda y las gotas bajando por la cara. Tampoco me gusta el frío que queda debajo de la piel, es una sensación reptilia, como si la tierra me reclamara. Pero, si fuera un reptil, podría pasar inadvertido, moviéndome por espacios antes inaccesibles. Clandestinidad, esa es la palabra correcta, por lo menos, la más precisa para definir este ahogo que siento cuando el discurso brota furioso y la voz no alcanza, se hace chiquita frente a las voluminosas incoherencias de la masa, esa uniformidad que absorbe, instantáneamente, lo que sea contrario a su dictado.

Tampoco alcanza la vanidad, me desdibujo. Me dejo llevar por las negaciones y el falso bienestar de la mediocridad. Inundado en desahucios, sonrío y vuelvo al trabajo, a martillar las palabras y a estirar las formas, esperando encontrar la valentía cuando ya no es necesaria, cuando sólo soy un héroe onanista, una caricatura de las grandes aspiraciones.

Nada, todo, siempre, nunca, absolutos ilusorios que no sirven para describir los matices que desgarran el pensamiento; esta complejidad abundante que atraviesas sin tocar causas ni consecuencias, complejidad que me abruma y me recrimina la cobardía, me llama a la lucha y enseña sus dientes, me muestra tu rostro y te vuelve prófuga de las definiciones, porque también sos clandestina en mis elucubraciones presuntuosas. No se cuándo aparecerás, ni cuánto tiempo te quedarás husmeando en mis frustraciones, convencida de poder cultivar oro en la arena, insistiendo, creyendo más alla de mis veredictos.

Y está el viento sur que me invita a salir de los claustros y los soliloquios para enfrentar las indiferencias y la normalidad cancerígena. Escucho canciones que provienen de afuera de esta totalidad embrutecedora, suenan a desafío de clamor subterráneo. Las escucho en medio del tráfico, armonía de las miserias y las injusticias. Las canciones no paran, se van sumando voces e instrumentos: tiples, bandolas, charangos y quenas, en cadencias marciales que han estado oprimidas, enterradas en las montañas usurpadas, encadenadas a costumbres revendidas como dogmas a los ignorantes parlanchines. Un mercado grande y próspero que ya huele a podrido, mientras la orquesta estalla, sin dejarnos sordos, abriendo los portones oxidados de este destino impuesto.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Motivos innecesarios.

La ciudad  se descubre contradictoria en todos los sentidos, porque se ama y se odia; porque la ciudad se vive sensualmente pero se desencanta por los medios más racionales, para después intentar revertir el proceso.

La ciudad es una mujer, una mujer que se pierde y se encuentra, se revela tristemente como algo que se fue, que no puede ser renovado y condensado en una sola comprensión unidimensional del asunto. El asunto es de pasión, desesperación, de no poder encontrar un lugar adecuado en el mundo. La ciudad es una mujer que no termina nunca de morir.

Pensando la ciudad, entonces, ella se desintegra y yo me pierdo en ese caos. Me invento una historia, que es mi historia particular, para poder guiarme y poder entender, para poder encontrar sentidos

Fragmentos de una fotografía hecha pedazos.

sábado, 27 de octubre de 2012

La Canción es la Misma

Experiencias distintas, códigos diferentes para asaltar una misma realidad. Vos y yo somos muy distintos, pero en algún lugar indeterminado nos encontramos. Bien podrían ser épocas diferentes y que por azares del universo se cruzan en un mismo plano. Vías de acceso opuestas a un mismo lugar, sabemos que son historias particulares, con sus propios bemoles y afanes. Por eso, tal vez, no sienta nada en la piel y hasta den ganas de jugar desde este lugar tan estrecho que es mi propia historia. Muchas veces no encuentro puntos de referencia, se me confunden con los lugares olvidados y los fantasmas que los habitan; pero resulta que los míos están bastante domesticados y de una u otra manera logro controlarlos con encantos que llaman al orden.

Mis opciones para escapar son tan racionalizadas como peligrosas para perderse definitivamente, porque la contingencia se hace cada vez mayor y la indeterminación se convierte en una amenaza constante contra la que no se puede luchar. Las contradicciones se hacen cada vez más profundas y ante la falta miedo no existe nada que te indique cuando debes regresar, la illusio se puede prolongar infinitamente y no hay manera de encontrar señales coherentes. El limbo sería un lugar más apacible. Mi deseo se encuentra en…

Las calles también son tuyas, también es tuyo el asco y la desesperanza, como tuya es la inocencia que te ofrendé un día. Después de tantos años no hay arrepentimiento, sólo demasiado tiempo acumulado entre nosotros, una extensa distancia que nos separa del punto donde, por casualidad, nos encontramos.

Ya nunca tus calles serán las mismas que yo recorro, ni las personas conservarán los rostros que imaginaste en tu cabeza, por capricho. Tú olvidas y yo lo recuerdo todo, vos sos tan etérea y yo terrenal, tú falsamente espontánea y yo ridículamente calculado. Esta ciudad carga las incoherencias de tus actos, fue testigo de mi acecho a tu figura, tratando de encontrar ese viento púrpura que tanto te molestaba, pero solo me fue posible hallar el polvo que cubre los edificios del centro y la brisa que baja de los farallones. Esta ciudad lo tiene todo para hacer claudicar a cualquiera que pretenda encontrar su esencia, su necedad, su irracionalidad, su aroma a sexo de morena ardiente te hace pagar el atrevimiento.

Todo queda en la memoria, en la palaciega habitación de los absurdos junto con mi caminata por todo el continente, mis días de comunista. Persiguiéndote me encontré en el exilio del tiempo que me tocó vivir y en el proceso te convertiste en un espectro atrapado en un cuadro, una foto o un libro. Ahora se que siempre estuviste ahí, terriblemente presente, sos parte del juego, como las calles que me ahogan con sus obviedades.

viernes, 19 de octubre de 2012

Un padre y su hijo venden alondras de papel, caminan las calles húmedas y frescas por la lluvia recién caída.
Estando joven la noche, los veo leyendo un libro sucio de tanto pasar los dedos por las páginas y las líneas, repasando los versículos que mañana repetirán para justificar su destino, para embellecer los rostros grises, para paliar el cansancio, para dar gracias por los niños que juegan con su curiosa mercancía voladora.
La esperanza sorprende siempre y no hace ningún esfuerzo por ocultarse, se renueva en la inocencia, a pesar de las frentes quemadas y los ánimos escasos, a pesar, o tal vez, por causa de las ficciones y los mitos que nos recuerdan una magia imperecedera, magia que oculta el yugo y disfraza la injustica.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Long Distance Runaround

Los libros dicen una cosa, la vida enseña otras. Al principio no entendía nada de lo que hacía; me la paso toda la mañana descubriendo en el diccionario del abuelo, el más ortodoxo de la Real Academia Española, la etimología de las palabras que había sacado aparte en un cuaderno. Terminada la segunda hoja me parecieron demasiadas, por lo que recriminé a mi memoria, mi ignorancia y la falta de concentración. Reinicié la lectura con un café y un cigarrillo arrugado que encontré en el maletín de la universidad. “Los hombres abandonaron su estado natural en el momento de empezar a limitar el mundo a su estrecha mente; se nominalizó, se simbolizó, se significó, ¡que viva la evolución!; nos desplazamos, nos multiplicamos, arrasamos, nos dominamos, no nos dejamos, ¡viva la revolución!, nos enriquecemos, nos matamos…” Cosas muy peculiares suceden en este mundo.

De los bosques tropicales, madera de la fina. Gente sacrificándose cortando la madera, transportándola, transformándola. Toda la teoría económica clásica en una mesita común y corriente, en una cafetería cerca de un museo cualquiera. Sentado él, bien sentado en su asiento de tradición polimérica industrial de occidente. Intelectual él, con sus movimientos ambiguos al endulzar el café, el obligado cruce de pierna; ensimismamiento mesiánico intentando reducir sus contradicciones de la manera menos dialéctica posible, porque Hegel la estaba cagando, porque el mundo es complicado ya, y a punto de ideas peor. Esto no es precisamente la casa del Demiurgo. ¡Un poquito de respeto por favor!

Si en lugar de haber caído una manzana hubiera sido un aguacate, ¿sería la gravedad algo diferente de un guacamole? No hay manera de saberlo sin evidencia. El vapor caliente del café entra por el espacio intertextual de las ideas, descomponiendo la materialidad de ciertas pulsiones vitales: sudar, temblar. Esta aterrorizado y asqueado de estar sentado ahí, en una mesa inofensiva, tomando café descafeinado; un nombre y un lugar, con medio centenar de personas atestando el ambiente con divagaciones insípidas, con olor a sentido común. No está enfermo para sentirse tan mal. Los médicos saben de medicina, los chamanes adivinan y etiquetan: depresivo, paranoico, neurótico, histérico, pesimista recalcitrante. Manías perversas para sacar plata del incauto. La pirotecnia de estos tiempos deslumbra las muchedumbres ávidas de experiencia, de goce fácil, de adrenalina embrutecedora. Caminando hacia el futuro se encuentra uno con que está muy lejos y los caramelos son demasiado sospechosos. Sin embargo los entusiastas los devoran, con la consecuente indigestión necesaria para dejar el rastro hediondo a los que vienen atrás. Es obvio, la mierda es metafísica y viceversa.

Trata de atrapar las pasiones con una pequeña línea y un anzuelo y como carnada una palabra. Se queda esperando al borde de un suspiro para pescar una y tener la necesidad de escribir sobre su forma, su historia, su muerte en las aguas de la memoria. No hay manera más hermosa de purificar las caricias y los besos, que no sean de nadie, retornarlos a la nada. Eternizar.

If you should go skating on the thin ice of the modern life”… “Don’t be surprised when a crack in the ice appears under you feet”. Alguien dijo lo que “yo” pensé. En alguna parte alguien sintió lo que siento “yo”. Solidaridad con el sufrimiento pangéico. Cada minuto vivido, cada palabra expulsada con aliento rebelde, el karma renovado de lo que no se puede cambiar se enreda y se oculta entre las imágenes del televisor, en las notas de la canción que está sonando, en los constructos científicamente concebidos para mostrarme la verdad. “¿Do you want my blood, do you want my tears? ¿What do you want?”… “Play these strings until my fingers are raw”. Intentos de fuga vanidosamente ridículos, estruendosamente inútiles. Representar a petición del público las mismas sentencias y las mismas necedades.

La ciudad está tranquila, ventea agradablemente, los carros fluyen con facilidad, unos venden y otros compran, las caras se chocan y las miradas se esquivan, los atrevidos preguntan y los descarados contestan. Sobre la mesa unas hojas amarillas de un cuaderno, en las hojas simples fisgoneos sobre “la dura realidad”. Mientras tanto no hay nada que decir.

¿En qué habíamos quedado?

En la noche inconclusa, con una casi luna llena que adornaba el negro profundo, una noche que se resistía a ser gastada en una caminata solitaria hasta encontrar el sueño.
¿En qué había quedado yo?
Con las ganas de otra cerveza, de una hora más, de una brisa más fresca y de la llovizna que nunca cumplió su promesa.
Quedó de la noche una canción tarareada sin historia y sin lugar, la incertidumbre y un pequeño atisbo de absurdo dando vueltas alrededor mientras caminaba.
Mis desobedientes pies no hicieron caso y decidieron emprender, en contra de mi voluntad y tu petición, el camino en busca de las palabras adecuadas para describir unos ojos negros, tan esquivos y extraviados como las palabras perfectas que hacen falta para sellar el justo momento.

martes, 16 de octubre de 2012

No hay tiempo.

No hay tiempo.

Cada cosa en su momento y lugar. Ayer me regalaste una mentira y hoy me das un beso enredado en mi complicidad. No hay tiempo, va a llover que da miedo y no hay que darle chance a un resfriado. Llévate un abrigo y un paraguas. El tiempo no da vuelta atrás. Por esta época no es que llueva mucho, pero el cielo también se quiere despedir, cantarte las canciones del adiós, delatar la amargura que tengo en el corazón. Toma unos trozos de pan, que no te de hambre en el largo camino que empiezas a recorrer. Recuérdanos con orgullo, sin la tristeza, sin el cansancio de estos años por sobrevivir. No hay tiempo, vete ya.
Como si cada salida del barrio, atravesando los charcos centenarios, estuviera condenada a ser un viaje sin regreso, una odisea postmoderna hacia una ciudad fracturada en dos, cercenada por una calle larga y polvorienta, pero que a pesar de todo podemos obstinarnos a verla tan poética y bella como el sueño atravesado por un río o la mismísima sucursal del cielo. Pero como ya lo sabemos, no hay tiempo; cada cual por su lado y con su pequeñísimo mundo limitado a unas cuantas calles, los rostros familiares, la rumba eterna que carcome los espacios y los sentidos de una ciudad que se opone a ser devastada por el estereotipo. No hay tiempo para ver que apenas sale el sol los farallones se despiertan y levantan la mirada vigilante sobre el valle majestuoso, no hay tiempo para sentir el calor de la mañana que acaricia la piel y la reconforta.
Para qué escribir sobre esta ciudad?
Para curarse, para huir, para conocerse?
Para hechizar, para interpretar, para leer?
Para ser leído, para encriptar, para despistar?
Para qué respiro, para qué me gasto los ojos frente al computador e intento sacar algo a la fuerza, contra la voluntad del universo. Pura terquedad y valentía innecesaria. Para qué me miro en unas letras que mutan tan rápido de sentido, que se confunden con una semiología incomprensible, inaceptable. Estoy tratando de encontrar un cáliz sagrado entre los trastos de la cocina, una epopeya en un chiste mal contado, un suspiro del viento pasando por los espaciecitos de la ventana cerrada que suena como fantasmas que me aterraban cuando era niño y tenía la pierna enyesada. Estoy intentando recordar un cuadro, una foto congelada de los sueños surreales guardada en los archivos de lo inconmensurable. Y esta ciudad se me pierde entre los libros y las películas, esta ciudad se me confunde con todas las ciudades del mundo, con las que han existido y existirán, con las esperanzas y los sueños de sus habitantes, con sus pesadillas y frustraciones también, porque esta ciudad está hecha de seres humanos.
Y me pregunto quién soy yo. Una maraña de sin sentidos, un mundo agonizante que se resiste a dejar de existir y se reproduce como un virus en la cabeza de los demás. Pero qué importa, lo que pasa es que esta ciudad está tan fría como para notar que uno empieza a desvariar cuando llega la media noche… Sharp, distance. How can the wind with this arms all around me,I feel lost in the city… esa canción ya me la sé, la percusión en aparente contra tiempo, tan pedante, tan insumisa que dan ganas de parar la neurosis y seguir durmiendo. Como si se pudiera…
Pero no hay tiempo, hay que seguir buscando las imágenes ocultas entre el cemento, hay que seguir contando la odisea de una ciudad que solo se encuentra y se edifica con cada palabra escrita… La utopía de una ciudad que da tregua para soñar.