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sábado, 3 de agosto de 2013

Ella allá.


Otra vez en un rincón, atrincherada, disparando miradas, unas de inconformidad, otras de escepticismo. Ella no quiere parecerse a esos sueños que le llegan cuando se acuesta con la espalda dolorida, no quiere que se la trague ese camino polvoriento que desemboca en esa mina negra, como una garganta de la montaña que se asoma para capturar almas.

Pero se deja llevar por las aguas quietas. Poco a poco la van alejando de la seguridad de la rivera y la confrontan con un horizonte circular e infinito. No sirve ni el pánico ni la angustia, algún día llegará a una isla donde poder resignarse con tranquilidad.

No sé si la imagino o la recuerdo, en medio de la calle, quejándose por el viento frío y por la falta de otro cigarrillo. No sé si fue un beso solitario o la imposibilidad de que me llevara a su soledad. No sé si llegará el musgo a cubrir los pasos, no sé si a esa ciudad se la tragará el monte, algún día, antes que se termine la historia de las inconformidades.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Teleología.

A veces, creo que hay un fin último para vos,
una redención llevada a cabo de particular modo,
explorando todas las formas de perdición.
Una lenta purificación del espíritu
por medio de penas y decadencias.

Pero llego siempre a un lugar infranqueble,
el que da cuenta de tu existencia,
sos lo que sos y esa es mi cárcel,
la tentación que no me abandona.

Siempre estás al anochecer de las razones,
en el punto medio de los argumentos innecesarios.
 

miércoles, 31 de octubre de 2012

Muerdo las cuerdas que juntan las teorías en un amasijo iracundo, a ver si encuentro el gusto a este arrebato epistemológico que me obliga a soñar con utopías, porque, al final, todo es cuestión de método.
Y me pierdo cazando la ciencia de los versos, por eso prefiero las prosas cansinas pero predecibles, las que dejan rumiar el tema y tumban del agotamiento, las que me esperan para el cambio de rutina, tan seguro como que cada exhalación oxida los engranajes. Poco a poco.
Ahogo cantos en las conjeturas para que se conviertan en pesadillas, en licores exóticos que van revelando las cuotas de la imposible cordura.
Todas mis versiones de la paciencia, de la agonía y de mis fantasmas constituyentes desfilan como un sueño de Kurosawa, como un designio trazado desde el primer suspiro, ese que no se recuerda pero que inició todas las pulsiones.
Busco, porque los caminos incitan...

sábado, 27 de octubre de 2012

La Canción es la Misma

Experiencias distintas, códigos diferentes para asaltar una misma realidad. Vos y yo somos muy distintos, pero en algún lugar indeterminado nos encontramos. Bien podrían ser épocas diferentes y que por azares del universo se cruzan en un mismo plano. Vías de acceso opuestas a un mismo lugar, sabemos que son historias particulares, con sus propios bemoles y afanes. Por eso, tal vez, no sienta nada en la piel y hasta den ganas de jugar desde este lugar tan estrecho que es mi propia historia. Muchas veces no encuentro puntos de referencia, se me confunden con los lugares olvidados y los fantasmas que los habitan; pero resulta que los míos están bastante domesticados y de una u otra manera logro controlarlos con encantos que llaman al orden.

Mis opciones para escapar son tan racionalizadas como peligrosas para perderse definitivamente, porque la contingencia se hace cada vez mayor y la indeterminación se convierte en una amenaza constante contra la que no se puede luchar. Las contradicciones se hacen cada vez más profundas y ante la falta miedo no existe nada que te indique cuando debes regresar, la illusio se puede prolongar infinitamente y no hay manera de encontrar señales coherentes. El limbo sería un lugar más apacible. Mi deseo se encuentra en…

Las calles también son tuyas, también es tuyo el asco y la desesperanza, como tuya es la inocencia que te ofrendé un día. Después de tantos años no hay arrepentimiento, sólo demasiado tiempo acumulado entre nosotros, una extensa distancia que nos separa del punto donde, por casualidad, nos encontramos.

Ya nunca tus calles serán las mismas que yo recorro, ni las personas conservarán los rostros que imaginaste en tu cabeza, por capricho. Tú olvidas y yo lo recuerdo todo, vos sos tan etérea y yo terrenal, tú falsamente espontánea y yo ridículamente calculado. Esta ciudad carga las incoherencias de tus actos, fue testigo de mi acecho a tu figura, tratando de encontrar ese viento púrpura que tanto te molestaba, pero solo me fue posible hallar el polvo que cubre los edificios del centro y la brisa que baja de los farallones. Esta ciudad lo tiene todo para hacer claudicar a cualquiera que pretenda encontrar su esencia, su necedad, su irracionalidad, su aroma a sexo de morena ardiente te hace pagar el atrevimiento.

Todo queda en la memoria, en la palaciega habitación de los absurdos junto con mi caminata por todo el continente, mis días de comunista. Persiguiéndote me encontré en el exilio del tiempo que me tocó vivir y en el proceso te convertiste en un espectro atrapado en un cuadro, una foto o un libro. Ahora se que siempre estuviste ahí, terriblemente presente, sos parte del juego, como las calles que me ahogan con sus obviedades.

sábado, 20 de octubre de 2012

Y la amaba.

Terminó de escribir mientras sonaba el solo de guitarra de Hey Joe!, versión Hendrix, interpretada en una de las Sesiones de la BBC. Fue como una epifanía.
El cuarto estalló en luz roja del atardecer, el viento irrumpió decidido pero gentil. Por un instante una metáfora de armonía cubrío el ambiente, normalmente anodino. Ansioso ya, no podía sino esperar la hora de encontrarse con ella, mostrarle su obra, su descubrimiento estético con el que - ya lo imaginaba todo, las conferencias, las reverencias de los pseudo intelectuales - se cambiaría la forma de escribir y de interpretar el mundo. La sociedad contemporánea presentía el momento de su renovación, incluso cuando sonó la última nota del iluminado Hendrix. Eternidad era lo que le esperaba.
Cumplido el angustiante plazo, salió a su encuentro, al final de la jornada universitaria. La envolvió con una abrazo insospechado, le besó fuerte una mejilla y luego un susurro en los labios que parecía un te amo. No dijo nada más y apenas pudo ver su rostro. Le extendió el manuscrito y se retiró unos pasos para tener una mejor perspectiva de las reacciones sucitadas por su obra. Él esperaba estupefacción, esa sensación pétrea que algunos adoptan ante la magnificencia. Pero un salto con los brazos extendidos hacia él y un beso acompañado de lágrimas por la experiencia mística también sería adecuado.
Leía atenta, lo miraba brevemente, volvía al manuscrito y sonreía. Sus ojos eran dos grandes hoyos marrones entre nubes blanquísimas. Nunca antes había notado tal belleza.
Silencio y una sonrisa perfecta en su rostro. Súbitamente, ya no había distancia entre los dos, sus manos se adelantaron a tomar su cintura. Ella lo miró con ternura, con el genuino amor que sentía por él.

- ¿Cómo así...?

martes, 16 de octubre de 2012

Careful with that axe, Eugene.

Y va haciendo largos rodeos, tratando de acertar con premoniciones inútiles porque sabe que canción sigue, las ha escuchado mil veces y le siguen encantando como la primera vez. Y qué decir, se siguen perdiendo buenas canciones, novelas huidas de las historias cuadradas, se sigue ignorando que el oxígeno es explosivo, que las mitocondrias te matan de a poco y aún así seguimos respirando, dando un segundo más a la locura. Y la canción era perfecta… Set the controls for the heart of the sun

El sol secamente amarillo de la tarde en Pompeya, la arena, el calor, David tirado en el suelo haciéndole el amor a la guitarra, la percusión diabólica y él con envidia de Martín porque estuvo allí. Al menos eso le hizo creer contándole cada detalle, cada resonar de la música en la ruinas, en las cajas gigantescas de los instrumentos donde orgullosamente decía London; hasta los franceses los querían, a los malditos genios, estos ingleses que cambiaban el libreto cada vez que les daba la gana, como para haberlos juntado con Ionesco y montar el bodrio más grande del mundo. Por lo menos a él le divierten.
Eugene está escribiendo cosas raras, sentado en la cafetería, con el walkman a todo volumen. Mira de vez en cuando, de un lado hacia otro y con un espejo retrovisor se da cuenta de lo que esta atrás. Los sucesos se repiten, caen de nuevo los muertos en las batallas, se dicen los eternos discursos, llegan renovadas las pasiones románticas de los héroes, hasta que no queda otra cosa que su propia imagen reflejada, porque ya no existe otro momento en la historia aparte de su propia conciencia. El tiempo se arremolina en un solo instante, en un presente infinito y abrumador… ¿y como es que se llama la canción? Several species of small furry animals gathered together in a cave and grooving with a pict, todos juntitos tomando café, esperando el desmembramiento, dejándole todo al tiempo. Ya lo había dicho, Eugene está escribiendo cosas raras, hilando fino, perdiendo el tiempo y la cabeza, nunca le gustó del todo que hubieran sacado a Roger y cada vez que escucha A saucerful of secrets se le revuelve el estomago, como cuando se le fue la tortuguita por el sanitario. Eugene está entendiendo que hay cosas que pasan, simplemente, sin consultarle a él, sin una razón. Eugene está mirando una mujer y cantando lo primero que se le venga a la cabeza para distraerse, tratando de encontrar un pequeño espacio entre las ideas, entre las imágenes del desquiciamiento.
Un gran rodeo mientras llega otro día, otra excusa… ¿Acaso hubo una antes?