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lunes, 13 de mayo de 2013

Digresión sobre mi tiempo.

Entre la sangre anónima que despertó todos los demonios y el silencio cómodo en las gargantas, se incubaron los absurdos dolorosos, la negación y la complicidad oprobiosa de nuestra historia.

Vivir en estos tiempos es como habitar en ninguna parte, algún lugar por fuera de las consecuencias de los desafueros de los poderosos y de las luchas de quienes nos antecedieron en el legítimo rechazo de la injusticia. Tierra olvidada, nación del olvido, donde nadie tiene cicatrices ni nadie se ha atrevido a aprender nada.

El otro es la personificación de la amenaza más alevosa, aquel que hay que eliminar para que el uno pueda existir. Todos quieren ser parte del ego odioso y destructor de las alteridades. No se aprueba ningún otro horizonte de existencia. Todos quieren estar cobijados por una de las grandes mentiras: la seguridad de la masa, durmiendo en el confort de la ignorancia.

Desde alli juzgan y parametrizan, movidos por voluntades irresistibles. Los dioses existen, se les reza sin ritos y se los adora sin vergüenza.

La primavera tan lejana, tan esquivas las utopías de los mundos mejores cuando veo los rostros multiplicados de la uniformidad.

Y como no tengo más que palabras, tengo esta responsabilidad. No callar, aunque la obra sea muda.

sábado, 2 de febrero de 2013

La Paciencia de la Lluvia (Parte VI)


Miles de personas, millones, vastedades de indiferencia reducida a un número, a contras y conveniencias. Uno de los mayores peligros para la sobrevivencia, es pensar que la soberanía reside en la voluntad de la mayoría. Y si esa mayoría es aplastante, no es más que el unísono de la ignorancia, pesada como la gravedad. En su centro no se puede respirar y las consecuencias de la falta de oxígeno se manifiestan al instante: el imperio de la opinión, de la aceptación acrítica de las injusticias que nos rodean.

A todos nos llega el momento, el mío empezó con el primer invierno del año, huyendo de la lluvia.

Sin mucho por hacer, me senté a esperar que escampara, en una cafetería cerca de la universidad. Pensé en ella cuando vi en la vitrina sus chocolatinas preferidas, tomé dos y pedí un café cargado. Recuerdo que casi me quemé con el café, que me senté mirando hacia la calle en una mesa en el medio del ruido de los carros pasando por los charcos y las conversaciones a mi espalda. Poco a poco, mi atención se desplazó de la malsonancia repetitiva del exterior a las voces de quienes debatían en el interior. No era el barullo de mis ideas, pero era yo hablando en otro tono…

jueves, 6 de diciembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte V)

Llueve, una vez más. Me incomoda la ropa húmeda y las gotas bajando por la cara. Tampoco me gusta el frío que queda debajo de la piel, es una sensación reptilia, como si la tierra me reclamara. Pero, si fuera un reptil, podría pasar inadvertido, moviéndome por espacios antes inaccesibles. Clandestinidad, esa es la palabra correcta, por lo menos, la más precisa para definir este ahogo que siento cuando el discurso brota furioso y la voz no alcanza, se hace chiquita frente a las voluminosas incoherencias de la masa, esa uniformidad que absorbe, instantáneamente, lo que sea contrario a su dictado.

Tampoco alcanza la vanidad, me desdibujo. Me dejo llevar por las negaciones y el falso bienestar de la mediocridad. Inundado en desahucios, sonrío y vuelvo al trabajo, a martillar las palabras y a estirar las formas, esperando encontrar la valentía cuando ya no es necesaria, cuando sólo soy un héroe onanista, una caricatura de las grandes aspiraciones.

Nada, todo, siempre, nunca, absolutos ilusorios que no sirven para describir los matices que desgarran el pensamiento; esta complejidad abundante que atraviesas sin tocar causas ni consecuencias, complejidad que me abruma y me recrimina la cobardía, me llama a la lucha y enseña sus dientes, me muestra tu rostro y te vuelve prófuga de las definiciones, porque también sos clandestina en mis elucubraciones presuntuosas. No se cuándo aparecerás, ni cuánto tiempo te quedarás husmeando en mis frustraciones, convencida de poder cultivar oro en la arena, insistiendo, creyendo más alla de mis veredictos.

Y está el viento sur que me invita a salir de los claustros y los soliloquios para enfrentar las indiferencias y la normalidad cancerígena. Escucho canciones que provienen de afuera de esta totalidad embrutecedora, suenan a desafío de clamor subterráneo. Las escucho en medio del tráfico, armonía de las miserias y las injusticias. Las canciones no paran, se van sumando voces e instrumentos: tiples, bandolas, charangos y quenas, en cadencias marciales que han estado oprimidas, enterradas en las montañas usurpadas, encadenadas a costumbres revendidas como dogmas a los ignorantes parlanchines. Un mercado grande y próspero que ya huele a podrido, mientras la orquesta estalla, sin dejarnos sordos, abriendo los portones oxidados de este destino impuesto.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Un hombre.

Callado, frente al precoz estertor de la genialidad,
espera un hombre que su elección haya sido acertada.
Tiene todas las ideas, pero una sola voluntad,
delgada y débil, como la llovizna que lo riega pero no lo moja.
Un conato de existencia programada para extinguirse en la medianía de las intenciones,
en la tibieza del pensamiento.
Miles de hombres, una máscara. Miles de máscaras y un hombre.
Esta es la comedia de las imprecisiones, en escena desde siempre.

martes, 20 de noviembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte III)

"Nada nos ha sido legado, por eso nada nos pertenece, ni la tierra que pisamos ni la historia que nos sufre. Nuestra patria es el desarraigo. 
Pasos errantes a través de cientos de años, generaciones desgastadas en las luchas inconsecuentes en las profundidades del monte; la sangre, confundida con el barro, ya nos emparenta a todos. 
Nuestro lamento aún no se apaga, lleva el ritmo de la ideas imperecederas de la justicia, porque la razón no divaga cuando nuestra fuerza va sumando voluntades. Ya nada podrá callar esta voces antes silenciadas.

La esperanza es un trabajo de tiempo completo que nos mantiene ocupados, renovando los sentidos y los significados de lo que nos rodea. La esperanza es, en si, una revelación, el resultado de desintegrarnos en nuestras partes más pequeñas para reconstruirnos en un mundo mejor. La esperanza nos exige estar siempre presentes y no perdernos en ensoñaciones. Un mundo mejor posible parte del reconocimiento de los peores defectos de éste que no correspondió vivir por obligación, implica el desistimiento de aquello que nos constituye en hijos de antiguos regímenes. Se debe desaprender para reiniciar el camino con pasos renovados, por rumbos consecuentes con nuestra humanidad".

La razón me tiene aquí, tratando de encontrar una solución a sus efectos. No he encontrado mayor contradicción que ésta, lo que me condena es lo que me puede salvar.
Trato de escapar, escribir la narración definitiva, esa que encierre la condición humana en renglones como rejas; pero llegan primero las utopías insatisfechas, como amantes malqueridas que acechan en los dobleces de la soledad. ¿Cuántas noches más me robarían?
La trampa siempre resulta, a pesar de mi y por causa mía...

No me rindo, sólo respiro y trato de retomar el último punto coherente.

Miles de víctimas y todas tienen el mismo rostro lavado, blanco y calcificado. No podremos reivindicar todos los sacrificios y los oprobios sufridos.
No puedo evitar sentirme impotente ante tanta miseria, cautivo de las letras y los azares dialécticos. Sin embargo, entiendo mis posibilidades y limitaciones. No tengo el carácter del guerrero que no teme al campo de batalla. Mi lugar es éste, destinado a esta tarea como una condena, sin poder renunciar a este mandato.

En este discurrir monótono, termino pensando en todo lo que he perdido, en el tiempo que he dedicado a edificar los muros de la soledad y que me han alejado de manera irrevocable de los sueños de la juventud, cuando éramos dos los que contemplábamos el horizonte con optimismo.
Te recuerdo en tus atrevimientos y yo en mi ignorancia, en el juego que nos fue envolviendo, queriendo tu presencia y anhelando tu ausencia, porque siempre me gustó extrañarte, porque lo que se tiene ya no se desea. Entregarme a tus brazos fue sólo una intento de convencerme de la posibilidad de una vida sin las tribulaciones para las que estoy hecho.
Pero esas posibilidades, ese mundo mejor, no son más que un mito mediocre, un romanticismo fuera de tiempo que me devuelve a los desvaríos, a los fangos de la contemplación sin consecuencias.


lunes, 29 de octubre de 2012

Digresión

Causa curiosidad cómo se ha pretendido llevar a cabo la justicia en nombre de la uniformidad de pensamiento, en una regresión disfrazada de bien común que exige un acatamiento acrítico de ciertos valores sociales que, en el fondo, no están bien fundamentados. La sociedad moderna ha edificado todo un sistema de creencias en la institucionalidad del Estado como defensor de un deber ser universal, sobre la base de falacias que la ciencia se ha encargado de validar.
La concepción liberal del hombre y de la sociedad, parte del reconocimiento de las libertades individuales y de las instancias e instituciones que hacen posible el ejercicio de tales libertades. Al Estado moderno, escenario privilegiado del ejercicio del poder, se le anteponen los elementos éticos y políticos del liberalismo que pretenden prevenir la aparición del absolutismo gubernamental y las intenciones de restringir el acceso a la verdad de los pocos que detentan el poder. Los argumentos que aducen los autoritarios, los dogmas y las ideologías se oponen al liberalismo, en cuanto no hay espacio para la deliberación racional de los preceptos y valores que guían una sociedad.

El problema racional que enfrenta el liberalismo, consiste en la fundamentación epistemológica de los valores que intentan enarbolar, terreno en el que no se encuentra en mejor posición que sus detractores. La ascensión de la libertad como valor fundamental termina en arbitrariedad y contrario a las normas de la ciencia positiva, en tanto no existe ningún medio para comprobar los postulados morales y políticos del liberalismo. Sin embargo, siempre se ha podido acudir al argumento de la tolerancia como elemento constitutivo del liberalismo y de su capacidad para acoger múltiples puntos de vista, lo que pretende constituirse en otro valor fundamental. El control racional de las creencias, no obstante, implica la superación de ciertas fases en la argumentación tendientes a dar primacía a unos valores por encima de otros, haciéndolos ver como incompatibles con el valor supremo.

En este proceso, donde los liberales entran en el aprieto de intentar demostrar de manera científica positivista la validez de sus postulaciones éticas, se llega a la imposibilidad de defender las propias posiciones, y si el liberalismo no se contradice, cualquiera podría estar en la capacidad de argumentar posiciones radicalmente contrarias a las del liberalismo acudiendo básicamente a los mismos criterios de validación. Es en esta incapacidad de determinar la validez de los juicios morales o valorativos mediante métodos racionales en que se basa el escepticismo ético. El liberalismo y el racionalismo unidos en la tarea de someter a examen crítico todas las posiciones, llegan al punto de no admitir ninguna razón posible que se encuentre por fuera de sus valores constitutivos y el escepticismo ético se configura en una especie de postura facilista que permite salir al paso a los debates y que se configura en parte constitutiva de una arbitrariedad con “buenas intenciones”.

Se trata de plantear las preguntas, porque todas son necesarias.

sábado, 27 de octubre de 2012

Ichi, ni, san…
Ichi, ni, san…
Los pasos, uno detrás de otro, monótonos y simétricos,
unidos por el ritmo cansado y… el destino.
He llegado hasta donde estoy y no he ido más allá,
el camino que he recorrido es el pasado
y lo único que puedo ver desde aquí es lo que mis ojos pueden ver.
La historia la tengo en mis pies y sus vestigios son las huellas,
es lo único que queda en el sendero,
evidencias de mi trasegar y de mi propia existencia.

Aparecés vos, la guardiana de los atajos indebidos,
caminando delante de mí, como si nada,
esperando que te nombre para mirar hacia atrás.
Yo, tomo las precauciones y me quedo en la seguridad de mis elucubraciones, 
en las aparentes tranquilas llanuras de las concepciones del mundo.
Te observo, oculto, pero con tu complacencia,
escucho tus historias narradas al viento obstinado en arrebatar tu pelo.
Yo me quedo en las apariencias,
con la máscara puesta y los discursos elaborados
sobre quien soy y lo que deseo.

viernes, 26 de octubre de 2012

Esquema de Autodestrucción.

Sepultar sin lágrimas lo que se anticipó a morir, las cosas que se agotaron en posibilidades, los sentimientos que se esfumaron en la duración de un pensamiento vago e inútil.

Vender el alma por el conocimiento del mundo; desde una torre de piedra vigilar la vida, sentenciar lo profano y lo sagrado. Razones sobran para convencer de habitar el dulce infierno.

No esperar nada de nadie. Aceptar halagos para precipitar la esclavitud. Preferir la soledad, que nunca abandone el cuarto oscuro. Tener la esperanza de la autenticidad banal, de sacrificio por ideales vacíos, que más da si todo era igual y será lo mismo. Esperar el acto adecuado, agazapado.

No arrepentirse, ignorar la memoria. Utilizar las falacias de la voluntad para caer bajo, sin pedir perdón. 

Repetir, repetir. No saciar el hambre.
Hace falta una historia o hacen falta excusas para enfrentar las épicas cotidianas. Desde que me conozco, las respuestas han sido elusivas y ese pequeño detalle se ha convertido en reiterativo castigo, en el mundo incongruente donde todo se inventa por pedazos y a destiempo, como un instrumento desafinado interpretado por quien carece de ritmo, pero que persiste en su proceder. Las historias empiezan, pero no alcanzan a confrontar el núcleo del dilema sino es de forma irrelevante, porque la condición humana se esconde en artilugios intelectuales. Nada termina y todo vuelve a empezar… el perro persiguiendo su propia cola.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sobre el individuo.

Algo o alguien, crea al individuo como reificación necesaria a las condiciones exteriores, que se oponen a los fundamentos de la humanidad. La resistencia se mide por la vía contraria, cuando los presupuestos ontológicos se desarrollan, alejándonos de las presunciones de respeto y garantía de esos fundamentales, porque la realidad es imperio de la injusticia. La dignidad, la libertad, la justicia o la igualdad se van ganando, cada generación debe ejercitarlos, so pena de deperdiciar el sacrificio de sus antecesores. En todos los casos, hay contradicción, lucha, agonía permanente, con la promesa de un mejor mundo posible sobre el horizonte.

martes, 16 de octubre de 2012

Idas...

Idas y venidas, vueltas y más vueltas. Un solo camino recorrido que se enreda a lo largo de una sola vida insuficiente para captar cada detalle del paisaje, las miradas de la gente, los cambios importantes que se operan en el corazón de la oscura existencia humana. Lo que se ve en los periódicos y en la tele solo son apariencias de lo que se encuentra oculto, manifestaciones bien manejadas por voluntades inobservables, inauscultables e irresistibles. Ese es el verdadero fundamento del poder, el origen del caos reinante que sirve como escenario cómico del real dominio.

Nuestra ceguera es el sustento de quienes nos desangran, la inconciencia que se vuelca sobre nosotros, llevándonos al hondo abismo de la desesperación que nadie sabe como apaciguar porque ya nadie sabe de donde viene. La razón humana se ha convertido en un monstruo indomable, porque la razón se ha separado de la libertad como fundamento de la vida misma. La vida se vive desde la responsabilidad que eso implica, con el esfuerzo de superación constante. Quien no sea capaz de asumir su vida y su complejidad merece ser esclavo, pues ha entregado, tácita o expresamente, su voluntad, su libertad y como consecuencia su vida.

La historia es en nuestro tiempo una formalidad confinada a los libros, un entelequio sin vida derivada de la costumbre, o el fetichismo de registrarlo todo en cuadros o en tablas. La historia ya no es emoción. Cuando el cuerpo no puede actualizar una sensación se empieza a olvidar, cuando no ha sucedido ya. La memoria no se estima como una posibilidad de conocimiento del mundo que se va decantando y ofrece espacios de reflexión. La memoria se puede borrar en nuestros días, como se borra la memoria de un computador. Las tábulas rasas están al orden del día, pero sobre ellas nada se puede fijar; todo es tan vano, tan efímero, tan liviano que nada se asienta, nada deja huella sobre el pensamiento de la masa.