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viernes, 1 de marzo de 2013

Un descuido.

No dudaré en hacer parte de la prole bulliciosa e innombrable,
En escarbar entre los ladrillos para ocultarme.
No dudaré en ocultarme, como el viento,
Entre las hojas,
Alrededor de las formas corporales,
Dentro de los cuartos desarreglados.

Te miraré por la ventana
Paseando tu arrogancia en la mañana
Tu descortesía a medio día
Y tu descaro al alba.

Porque ya hemos sido olvido
No quiero ser un fantasma encarnado,
Ni un escrúpulo vicioso
O una utopía sin rumbo.

Hoy se parecían al futuro las hazañas cotidianas,
Hoy no había camino que no se doblegara,
Tampoco había alegrías sospechosas.
El espíritu dormía y no te esperaba.

sábado, 2 de febrero de 2013

La Paciencia de la Lluvia (Parte VI)


Miles de personas, millones, vastedades de indiferencia reducida a un número, a contras y conveniencias. Uno de los mayores peligros para la sobrevivencia, es pensar que la soberanía reside en la voluntad de la mayoría. Y si esa mayoría es aplastante, no es más que el unísono de la ignorancia, pesada como la gravedad. En su centro no se puede respirar y las consecuencias de la falta de oxígeno se manifiestan al instante: el imperio de la opinión, de la aceptación acrítica de las injusticias que nos rodean.

A todos nos llega el momento, el mío empezó con el primer invierno del año, huyendo de la lluvia.

Sin mucho por hacer, me senté a esperar que escampara, en una cafetería cerca de la universidad. Pensé en ella cuando vi en la vitrina sus chocolatinas preferidas, tomé dos y pedí un café cargado. Recuerdo que casi me quemé con el café, que me senté mirando hacia la calle en una mesa en el medio del ruido de los carros pasando por los charcos y las conversaciones a mi espalda. Poco a poco, mi atención se desplazó de la malsonancia repetitiva del exterior a las voces de quienes debatían en el interior. No era el barullo de mis ideas, pero era yo hablando en otro tono…

domingo, 16 de diciembre de 2012

Otoño.

Fuimos nada y lo fuimos todo, hablamos de los dilemas y de las contradicciones inmanentes al movimiento de la vida, fuimos las palabras y las cosas que ellas crean.

Fuimos la noche, el calor y la lluvia sobre la calle, fuimos sudor y deseo. Yo fui una larga caminata al morir del amanecer, una nube gris en el cielo, la ciudad entera en sus exóticos murmullos.
Fui yo mismo, observando la calma apoderándose de las emociones, estuve muriendo en cada paso, sin dolor y sin encanto, sin una batalla en la que prodigar valientes sacrificios.
Fui un testigo de los caprichos del tiempo, del viento y de la luna.

Entonces, queda el silencio lleno de maleza, ocultando revolturas del estómago y vellos encrispados cuando las premoniciones se cumplen. Las ansias de la guerra se marchitaron por la monotonía de los discursos conciliadores entre la vida y la muerte. Preferí morir, cuando aún las esperanzas persistían en la perversidad, en la posibilidad de cambiar el mundo, un ápice íntimo, el lugar de las pequeñas grandes historias que contabas sin insomnio, ensoñaciones de un pasado que talló la piel.

Fuiste un motivo inocultable de las pasiones más inquietantes y de las frustraciones negadas con vehemencia.
Eras la mujer de otro lugar, la que me regalaba abrazos extraviados en los pasillos de estos crudos edificios. La páginas parecían inagotables cuando las oportunidades de verte eran tan esquivas y los encuentros tan vagos. Las palabras siempre acuden a la recreación de la memoria.
Sin embargo, es un paisaje visto en estaciones distintas. Ahora, todas las hojas han caído.

martes, 20 de noviembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte III)

"Nada nos ha sido legado, por eso nada nos pertenece, ni la tierra que pisamos ni la historia que nos sufre. Nuestra patria es el desarraigo. 
Pasos errantes a través de cientos de años, generaciones desgastadas en las luchas inconsecuentes en las profundidades del monte; la sangre, confundida con el barro, ya nos emparenta a todos. 
Nuestro lamento aún no se apaga, lleva el ritmo de la ideas imperecederas de la justicia, porque la razón no divaga cuando nuestra fuerza va sumando voluntades. Ya nada podrá callar esta voces antes silenciadas.

La esperanza es un trabajo de tiempo completo que nos mantiene ocupados, renovando los sentidos y los significados de lo que nos rodea. La esperanza es, en si, una revelación, el resultado de desintegrarnos en nuestras partes más pequeñas para reconstruirnos en un mundo mejor. La esperanza nos exige estar siempre presentes y no perdernos en ensoñaciones. Un mundo mejor posible parte del reconocimiento de los peores defectos de éste que no correspondió vivir por obligación, implica el desistimiento de aquello que nos constituye en hijos de antiguos regímenes. Se debe desaprender para reiniciar el camino con pasos renovados, por rumbos consecuentes con nuestra humanidad".

La razón me tiene aquí, tratando de encontrar una solución a sus efectos. No he encontrado mayor contradicción que ésta, lo que me condena es lo que me puede salvar.
Trato de escapar, escribir la narración definitiva, esa que encierre la condición humana en renglones como rejas; pero llegan primero las utopías insatisfechas, como amantes malqueridas que acechan en los dobleces de la soledad. ¿Cuántas noches más me robarían?
La trampa siempre resulta, a pesar de mi y por causa mía...

No me rindo, sólo respiro y trato de retomar el último punto coherente.

Miles de víctimas y todas tienen el mismo rostro lavado, blanco y calcificado. No podremos reivindicar todos los sacrificios y los oprobios sufridos.
No puedo evitar sentirme impotente ante tanta miseria, cautivo de las letras y los azares dialécticos. Sin embargo, entiendo mis posibilidades y limitaciones. No tengo el carácter del guerrero que no teme al campo de batalla. Mi lugar es éste, destinado a esta tarea como una condena, sin poder renunciar a este mandato.

En este discurrir monótono, termino pensando en todo lo que he perdido, en el tiempo que he dedicado a edificar los muros de la soledad y que me han alejado de manera irrevocable de los sueños de la juventud, cuando éramos dos los que contemplábamos el horizonte con optimismo.
Te recuerdo en tus atrevimientos y yo en mi ignorancia, en el juego que nos fue envolviendo, queriendo tu presencia y anhelando tu ausencia, porque siempre me gustó extrañarte, porque lo que se tiene ya no se desea. Entregarme a tus brazos fue sólo una intento de convencerme de la posibilidad de una vida sin las tribulaciones para las que estoy hecho.
Pero esas posibilidades, ese mundo mejor, no son más que un mito mediocre, un romanticismo fuera de tiempo que me devuelve a los desvaríos, a los fangos de la contemplación sin consecuencias.


domingo, 4 de noviembre de 2012

La última luna que nos acarició feneció, tantas estaciones atrás que nuestra geografía, tal vez, nos vuelva a confundir.
La colina y la calle que la serpentea se parecen a las fotos de la soledad, después de la guerra, desierto y sepia llaman la melancolía, los cadáveres esparcidos, congelados en el tiempo por artes caprichosos de la memoria.
Somos cántaros extraviados de la fuente, debatiéndonos entre el viento y el polvo, desterrados de las historias que fueron nuestras y que ya cuentan de otros héroes.
Nuestras voces son ecos de campanas anónimas, lejanas, víctimas del vacío absoluto que lo llena todo y nada deja escapar.
Siempre estar, ahí, parte del paisaje, abstraídos de nuestras propias circunstancias, inquilinos de la eternidad vacua y triste.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Ver la cara de quien ya no está, todos los días, hasta que su ausencia se vuelve usual y su espíritu no deja presentimiento alguno, ya no se extraña más.
El momento justo llega con un alivio en las piernas y una pequeña taquicardia, señales adelantadas del retorno que va completando su ciclo.
Otros afanes vendrán, otros rostros ocuparán el espacio desposeído por la determinación de seguir adelante, de recorrer otros senderos, hasta que nos cansemos de nuevo, hasta que las semilla que sembramos un día sean sombra generosa. Pero ya estamos lejos, ya el meridiano se refleja en los gestos.
Estamos lejos, pero aún no estamos cerca.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Muerdo las cuerdas que juntan las teorías en un amasijo iracundo, a ver si encuentro el gusto a este arrebato epistemológico que me obliga a soñar con utopías, porque, al final, todo es cuestión de método.
Y me pierdo cazando la ciencia de los versos, por eso prefiero las prosas cansinas pero predecibles, las que dejan rumiar el tema y tumban del agotamiento, las que me esperan para el cambio de rutina, tan seguro como que cada exhalación oxida los engranajes. Poco a poco.
Ahogo cantos en las conjeturas para que se conviertan en pesadillas, en licores exóticos que van revelando las cuotas de la imposible cordura.
Todas mis versiones de la paciencia, de la agonía y de mis fantasmas constituyentes desfilan como un sueño de Kurosawa, como un designio trazado desde el primer suspiro, ese que no se recuerda pero que inició todas las pulsiones.
Busco, porque los caminos incitan...

viernes, 26 de octubre de 2012

Esquema de Autodestrucción.

Sepultar sin lágrimas lo que se anticipó a morir, las cosas que se agotaron en posibilidades, los sentimientos que se esfumaron en la duración de un pensamiento vago e inútil.

Vender el alma por el conocimiento del mundo; desde una torre de piedra vigilar la vida, sentenciar lo profano y lo sagrado. Razones sobran para convencer de habitar el dulce infierno.

No esperar nada de nadie. Aceptar halagos para precipitar la esclavitud. Preferir la soledad, que nunca abandone el cuarto oscuro. Tener la esperanza de la autenticidad banal, de sacrificio por ideales vacíos, que más da si todo era igual y será lo mismo. Esperar el acto adecuado, agazapado.

No arrepentirse, ignorar la memoria. Utilizar las falacias de la voluntad para caer bajo, sin pedir perdón. 

Repetir, repetir. No saciar el hambre.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Especulación de la memoria.

Ya son extraños los días de la correspondencia clandestina, cuando confesábamos cosas de dudosa naturaleza existencial, como precario requisito para desatar las sublimaciones y represiones cotidianas.
No encuentro los caminos, se han borrado las huellas y consumido los ánimos para retroceder en busca de esos misterios nocturnos que me precipitaban a las costas de la angustia al saberte tan lejana pero tan dispuesta para la mortal lúdica del deseo.
Alguna sensación parecida al otoño, que no conozco, me susurra al oído y me ofrece un tibio café con miel, aliciente para la enfermedad del olvido.