sábado, 2 de febrero de 2013

La Paciencia de la Lluvia (Parte VI)


Miles de personas, millones, vastedades de indiferencia reducida a un número, a contras y conveniencias. Uno de los mayores peligros para la sobrevivencia, es pensar que la soberanía reside en la voluntad de la mayoría. Y si esa mayoría es aplastante, no es más que el unísono de la ignorancia, pesada como la gravedad. En su centro no se puede respirar y las consecuencias de la falta de oxígeno se manifiestan al instante: el imperio de la opinión, de la aceptación acrítica de las injusticias que nos rodean.

A todos nos llega el momento, el mío empezó con el primer invierno del año, huyendo de la lluvia.

Sin mucho por hacer, me senté a esperar que escampara, en una cafetería cerca de la universidad. Pensé en ella cuando vi en la vitrina sus chocolatinas preferidas, tomé dos y pedí un café cargado. Recuerdo que casi me quemé con el café, que me senté mirando hacia la calle en una mesa en el medio del ruido de los carros pasando por los charcos y las conversaciones a mi espalda. Poco a poco, mi atención se desplazó de la malsonancia repetitiva del exterior a las voces de quienes debatían en el interior. No era el barullo de mis ideas, pero era yo hablando en otro tono…