Mostrando las entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de junio de 2013

Música para dormir.

Yo era el niño que todas las noches repasaba el mismo casette, el concierto de Supertramp en París. El Crimen del Siglo abría las puertas del sueño.

Soñaba que este valle volvía a ser un pantano atemporal, que los árboles recuperaban en una sola noche el suelo arrebatado por el cemento, que los jaguares masticaban miembros de peatones desprevenidos. Luego, alguna serenidad uterina llegaba y todo era sordo, de algún amarillento anciano. Yo era el que renacía cada mañana de entre las entrañas del miedo y las tumbas de los dioses. Cada amanecer se derruía un templo hasta que la inocencia abandonó el cuarto.

Quedó la costumbre de no creer en nada y de enjuiciar las seguridades. ¿A qué aferrarse? A todas las preguntas y las posibilidades de respuestas, a las especulaciones de las sombras, eso que permanece y no se oculta. Ahora, de vez en cuando, puedo ver una luz que se prende y se apaga, que aparece y desaparece en ese horizonte discontinuo.

Es una canción inagotable.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Testigos.


Todos mis testigos están mudos,
Recuerdan todo pero no pueden decir nada.
Abren los ojos y gesticulan,
No logran dar a entender más allá de su propia angustia,
En medio del silencio que los contiene.

Hace muchos años, eran elocuentes sabios,
Oradores curtidos en los más salvajes auditorios.
Ahora les falta el aliento,
Sólo se oye un silbido largo y sordo cuando respiran.

Ellos desean no ver más,
Desean extinguirse en un atardecer nostálgico
Tomando café tibio,
Desenredando conversaciones triviales.

Mis testigos quieren enamorar a la mujer anónima,
Esa que me miraba desde el otro lado de la cafetería
Donde pasamos largos ratos de diletantismo.

Ellos quieren desmitificar el pozo de mis desencantos
Y reivindicar mis frustraciones
Para hacer de ellas sana experiencia.
Ellos quieren que no los alimente de culpa.

Pronto recuerdan dónde están.
Sus ojos se opacan en un velo infranqueable,
Siempre en vigilia.

martes, 20 de noviembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte III)

"Nada nos ha sido legado, por eso nada nos pertenece, ni la tierra que pisamos ni la historia que nos sufre. Nuestra patria es el desarraigo. 
Pasos errantes a través de cientos de años, generaciones desgastadas en las luchas inconsecuentes en las profundidades del monte; la sangre, confundida con el barro, ya nos emparenta a todos. 
Nuestro lamento aún no se apaga, lleva el ritmo de la ideas imperecederas de la justicia, porque la razón no divaga cuando nuestra fuerza va sumando voluntades. Ya nada podrá callar esta voces antes silenciadas.

La esperanza es un trabajo de tiempo completo que nos mantiene ocupados, renovando los sentidos y los significados de lo que nos rodea. La esperanza es, en si, una revelación, el resultado de desintegrarnos en nuestras partes más pequeñas para reconstruirnos en un mundo mejor. La esperanza nos exige estar siempre presentes y no perdernos en ensoñaciones. Un mundo mejor posible parte del reconocimiento de los peores defectos de éste que no correspondió vivir por obligación, implica el desistimiento de aquello que nos constituye en hijos de antiguos regímenes. Se debe desaprender para reiniciar el camino con pasos renovados, por rumbos consecuentes con nuestra humanidad".

La razón me tiene aquí, tratando de encontrar una solución a sus efectos. No he encontrado mayor contradicción que ésta, lo que me condena es lo que me puede salvar.
Trato de escapar, escribir la narración definitiva, esa que encierre la condición humana en renglones como rejas; pero llegan primero las utopías insatisfechas, como amantes malqueridas que acechan en los dobleces de la soledad. ¿Cuántas noches más me robarían?
La trampa siempre resulta, a pesar de mi y por causa mía...

No me rindo, sólo respiro y trato de retomar el último punto coherente.

Miles de víctimas y todas tienen el mismo rostro lavado, blanco y calcificado. No podremos reivindicar todos los sacrificios y los oprobios sufridos.
No puedo evitar sentirme impotente ante tanta miseria, cautivo de las letras y los azares dialécticos. Sin embargo, entiendo mis posibilidades y limitaciones. No tengo el carácter del guerrero que no teme al campo de batalla. Mi lugar es éste, destinado a esta tarea como una condena, sin poder renunciar a este mandato.

En este discurrir monótono, termino pensando en todo lo que he perdido, en el tiempo que he dedicado a edificar los muros de la soledad y que me han alejado de manera irrevocable de los sueños de la juventud, cuando éramos dos los que contemplábamos el horizonte con optimismo.
Te recuerdo en tus atrevimientos y yo en mi ignorancia, en el juego que nos fue envolviendo, queriendo tu presencia y anhelando tu ausencia, porque siempre me gustó extrañarte, porque lo que se tiene ya no se desea. Entregarme a tus brazos fue sólo una intento de convencerme de la posibilidad de una vida sin las tribulaciones para las que estoy hecho.
Pero esas posibilidades, ese mundo mejor, no son más que un mito mediocre, un romanticismo fuera de tiempo que me devuelve a los desvaríos, a los fangos de la contemplación sin consecuencias.


jueves, 15 de noviembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte II)

Era un hombre como yo. En una mano un cigarrillo, aún sin encender, la otra mano dentro del bolsillo acariciando el mango del puñal, tratando de no precipitarse, porque sólo quiere intimidar, que le suelten el dinero sin problemas. Pero nunca sabemos que se puede desencadenar, el miedo nos muestra tantas formas de la oscuridad interior, que es imposible predecirnos: sabía que se puede morir por unos pocos pesos o por un celular barato.

Creo, a veces, que quiero creer, que es posible abandonar este estado de escepticismo que se entreteje con la decepción.
Sueño, ya no muchas veces, que puedo volar por encima de los cables encarnados en el paisaje, nervios que sobresalen de la piel rugosa y sucia de las ciudades. Sueño que los edificios estan hechos de gente, que la calidez no desaparece con la luz del día y que las calles no son anónimas.
Pero me pierdo en mis propios rumbos, como siempre, engañado por mi propia historia, en las señales mal interpretadas y las experiencias ambigüas de esta época que se desolidifica para tornarse en pegajosa toxicidad.
La mayoría de las veces me llevo un golpe de realidad, que no sorprende en absoluto.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La paciencia de la lluvia (Parte I)

Lo supe la última vez que hicimos el amor. Todo terminaría en tragedia, pero no logré anticipar las dimensiones. Esa noche, sentí que éramos migajas de todo lo que nos habíamos prodigado hasta no hace mucho tiempo, sentí las consecuencias de la precipitación de las caricias y los besos, de la falta de madurez de las razones que necesitábamos para haber llegado a nuestro cansancio natural. No entiendo cómo las consecuencias finales se atraviesan antes de que los momentos felices lleguen a ser, por lo menos, un retoño con forma, un ser que pueda entender y afrontar las pérdidas de otra manera.

Hay historias que se van anticipando, que nos van convenciendo de estrategias ocultas. Por eso, cuando lo vi dormido a mi lado, sabía el resultado, los detalles del dolor que sufriríamos, pero no tenía ni un atisbo de las circunstancias que lo desencadenarían.

La lluvia no cesa, desde hace días siento un frío inusual. Trato de reconstruir los hechos, de desenredar el cuento y organizar las ideas, porque necesito entender, porque mi hija merece una oportunidad de vivir una vida distinta.

¿Por qué tuvo que volver? ¿Por qué tuvo que traer su legado y plantarlo en esta casa? ¿Por qué hizo lo que hizo?

No sé qué tipo de solución pretendía llevar a cabo, no sé si fue falta de valentía o un simple reflejo de la podredumbre que nos rodea lo que guió su mano. Fue un instante alienado de la madrugada, me regaló ese beso profundo, ese suspiro húmedo, me miró fijamente. En silencio se alejó como si se fuera a despedir de nuevo. Levantó su mano en un gesto vago. No me percaté del revólver hasta que escuché el disparo y vi su cabeza abierta caer frente a mi, su cuerpo largo y epiléptico...

No quiero recordar nada más.