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sábado, 2 de febrero de 2013

En un baúl.

Hay historias que son palíndromos, presencias como suspiros congelados, almas suspendidas en pequeñas reminiscencias: un libro, una caricia distractora, el beso que no brotó.

Hay almas con aguijones, portadoras de secretos amargos, de labios marchitos, ojos pálidos.

Hay sonrisas angustiadas, laberintos confortables, muertes rutinarias como sueños mudos, anhelos...

Hay rincones y vidrios rotos, canciones abandonadas que no recuerdan, promesas irresolutas.

Hay candados y máscaras que no sabías que guardabas.
Si, hay esperanzas perdidas.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Otoño.

Fuimos nada y lo fuimos todo, hablamos de los dilemas y de las contradicciones inmanentes al movimiento de la vida, fuimos las palabras y las cosas que ellas crean.

Fuimos la noche, el calor y la lluvia sobre la calle, fuimos sudor y deseo. Yo fui una larga caminata al morir del amanecer, una nube gris en el cielo, la ciudad entera en sus exóticos murmullos.
Fui yo mismo, observando la calma apoderándose de las emociones, estuve muriendo en cada paso, sin dolor y sin encanto, sin una batalla en la que prodigar valientes sacrificios.
Fui un testigo de los caprichos del tiempo, del viento y de la luna.

Entonces, queda el silencio lleno de maleza, ocultando revolturas del estómago y vellos encrispados cuando las premoniciones se cumplen. Las ansias de la guerra se marchitaron por la monotonía de los discursos conciliadores entre la vida y la muerte. Preferí morir, cuando aún las esperanzas persistían en la perversidad, en la posibilidad de cambiar el mundo, un ápice íntimo, el lugar de las pequeñas grandes historias que contabas sin insomnio, ensoñaciones de un pasado que talló la piel.

Fuiste un motivo inocultable de las pasiones más inquietantes y de las frustraciones negadas con vehemencia.
Eras la mujer de otro lugar, la que me regalaba abrazos extraviados en los pasillos de estos crudos edificios. La páginas parecían inagotables cuando las oportunidades de verte eran tan esquivas y los encuentros tan vagos. Las palabras siempre acuden a la recreación de la memoria.
Sin embargo, es un paisaje visto en estaciones distintas. Ahora, todas las hojas han caído.

lunes, 26 de noviembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte IV)

La niñez, los recuerdos, la locura.
El olvido habitado.
Los lugares comunes.

La habitación vacía, las calles sucias.
La plaza atestada, la ciudad anónima.
Todas las recurrencias toponímicas.

No hay un espacio que no se haya recorrido impunemente, sin dejar ninguna ninguna impresión que quede como una pequeña reliquia para heredar.

Tengo todos los pasos en cansadas meditaciones, prospectos de historias de los dominados que no encuentran los motivos necesarios para abandonar la sagrada comodidad de los barrotes invisibles.

Tengo todas tus sonrisas en un cuaderno violeta que se aprovecha de mi debilidad y me seduce cada noche para escribirte una carta.
Cada carta es una parte, una molécula de la sustancia de que está hecho el arrepentimiento.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Esta tarde no me alcanza para escribirte, los ánimos ya han ido menguando.

Esta tarde que sorprende con fríos verdes y ponientes rojos, la montaña que me traga y me intenta renovar en una amarga nostalgia.

Te imagino mirando este cielo paternal, respirando este aire brioso, transformándolo en suspiro.

Te imagino encendiendo una esperanza cada noche, para encontrar el cavader rígido sobre la mesa, esparcido en formas proféticas de un casual encuentro y una derrota eterna en nuestros brazos repelentes.

Y me levanto del asfalto para vaciarme en los pesados pensamientos de la culpa, camino como practicando las evasiones por las esquinas abandonadas, porque no encontré ningún camino seguro por tus cauces, porque no fui capaz de tomarte de la mano y dejarme a la gravidez de la indeterminación, sin retorno, pero con arrepentimiento.

Esta tarde invoco tu presencia amorfa, tus ganas cicatrizadas, tus decepciones vacías.
Llega la noche corriente y el rostro lapidario de la indiferencia.

jueves, 18 de octubre de 2012

Fragmento I

Cuando el cielo parece abrirse para dar paso a la calma llueve más y más. Es una tranquilidad falsa. Así se sintió cuando creyó encontrar la respuesta. Se derrumbaron, de pronto, todas las certidumbres y hasta las incógnitas más grandes del cosmos reclamaron ser resueltas. Pero, ¿quién es ella para conocer todo acerca del bien y del mal? Optó por el silencio. No deseaba entregar su vida como el inocente que no sabe que guerra pelea. Lo que creía era su verdad. Las palabras desesperadas se purificaron por el dolor y se borraron con los días. Se fue sin mirar atrás ni al horizonte, con ganas de seguir cayendo.
Ahora regresa, como si nada, como siempre. Yo tratando de olvidarla y ella haciéndolo efectivo. El olvido es ausencia, insensibilidad del cuerpo ante un recuerdo. La música del piano ya no suena como antes pero sus dedos siguen igual de gráciles. Ella olvida para no enloquecer. Cree olvidar. Jugaba, para no atormentarse, con las fotos en blanco y negro de cuando el mundo carecía de la policromía que ella conoce en la ciudad, en la ropa y en su cabello. Los libros de historia son ajenos, ella no sufrió de raquitismo en la batalla del Marne. Nada la conmueve, su cuerpecito es incapaz de recurrir al estremecimiento porque su cerebro no tiene memoria. Ella vive los instantes, los fugaces, los enfermos, los simples, los que no dan tiempo para atraparlos, los que son muy livianos para dejar huella. Pero hasta ahora solo ha jugado, su efímera vida no pasa de ser un simulacro; ella intenta hacer de los fragmentos un ser. Totalidad disociada. Tal vez no sepa como debe morir.
¿Puedes definir algo etéreo?
¿Puedes explicarme el tiempo?
Soy terrenal
Soy mortal
Puedo decirte que estoy sola cuando me alejo del mundo, decirte que estoy triste cuando peleo conmigo; extrañarte cuando no te encuentro ni siquiera en mis sueños, cuando todo se siente tan vacío, cuando el silencio se extiende hasta mis huesos.
Debo volverme invisible, estar con todos y contigo también. Invisible para no reflejarme en tus ojos, con miedo a reconocerme y desnudar inconscientemente mi oscuridad, que se escape y te invada el alma desde los poros. La luz puede herirme.
¿Vale la pena descifrar tanta incoherencia?
¿Bastará con una mirada al pasado para debilitar el muro, para franquear la resistencia que opongo?
Estoy en un campo abierto y soy el blanco perfecto.