Mostrando las entradas con la etiqueta pregunta. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta pregunta. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de octubre de 2012

Digresión

Causa curiosidad cómo se ha pretendido llevar a cabo la justicia en nombre de la uniformidad de pensamiento, en una regresión disfrazada de bien común que exige un acatamiento acrítico de ciertos valores sociales que, en el fondo, no están bien fundamentados. La sociedad moderna ha edificado todo un sistema de creencias en la institucionalidad del Estado como defensor de un deber ser universal, sobre la base de falacias que la ciencia se ha encargado de validar.
La concepción liberal del hombre y de la sociedad, parte del reconocimiento de las libertades individuales y de las instancias e instituciones que hacen posible el ejercicio de tales libertades. Al Estado moderno, escenario privilegiado del ejercicio del poder, se le anteponen los elementos éticos y políticos del liberalismo que pretenden prevenir la aparición del absolutismo gubernamental y las intenciones de restringir el acceso a la verdad de los pocos que detentan el poder. Los argumentos que aducen los autoritarios, los dogmas y las ideologías se oponen al liberalismo, en cuanto no hay espacio para la deliberación racional de los preceptos y valores que guían una sociedad.

El problema racional que enfrenta el liberalismo, consiste en la fundamentación epistemológica de los valores que intentan enarbolar, terreno en el que no se encuentra en mejor posición que sus detractores. La ascensión de la libertad como valor fundamental termina en arbitrariedad y contrario a las normas de la ciencia positiva, en tanto no existe ningún medio para comprobar los postulados morales y políticos del liberalismo. Sin embargo, siempre se ha podido acudir al argumento de la tolerancia como elemento constitutivo del liberalismo y de su capacidad para acoger múltiples puntos de vista, lo que pretende constituirse en otro valor fundamental. El control racional de las creencias, no obstante, implica la superación de ciertas fases en la argumentación tendientes a dar primacía a unos valores por encima de otros, haciéndolos ver como incompatibles con el valor supremo.

En este proceso, donde los liberales entran en el aprieto de intentar demostrar de manera científica positivista la validez de sus postulaciones éticas, se llega a la imposibilidad de defender las propias posiciones, y si el liberalismo no se contradice, cualquiera podría estar en la capacidad de argumentar posiciones radicalmente contrarias a las del liberalismo acudiendo básicamente a los mismos criterios de validación. Es en esta incapacidad de determinar la validez de los juicios morales o valorativos mediante métodos racionales en que se basa el escepticismo ético. El liberalismo y el racionalismo unidos en la tarea de someter a examen crítico todas las posiciones, llegan al punto de no admitir ninguna razón posible que se encuentre por fuera de sus valores constitutivos y el escepticismo ético se configura en una especie de postura facilista que permite salir al paso a los debates y que se configura en parte constitutiva de una arbitrariedad con “buenas intenciones”.

Se trata de plantear las preguntas, porque todas son necesarias.

sábado, 27 de octubre de 2012

Ichi, ni, san…
Ichi, ni, san…
Los pasos, uno detrás de otro, monótonos y simétricos,
unidos por el ritmo cansado y… el destino.
He llegado hasta donde estoy y no he ido más allá,
el camino que he recorrido es el pasado
y lo único que puedo ver desde aquí es lo que mis ojos pueden ver.
La historia la tengo en mis pies y sus vestigios son las huellas,
es lo único que queda en el sendero,
evidencias de mi trasegar y de mi propia existencia.

Aparecés vos, la guardiana de los atajos indebidos,
caminando delante de mí, como si nada,
esperando que te nombre para mirar hacia atrás.
Yo, tomo las precauciones y me quedo en la seguridad de mis elucubraciones, 
en las aparentes tranquilas llanuras de las concepciones del mundo.
Te observo, oculto, pero con tu complacencia,
escucho tus historias narradas al viento obstinado en arrebatar tu pelo.
Yo me quedo en las apariencias,
con la máscara puesta y los discursos elaborados
sobre quien soy y lo que deseo.

sábado, 20 de octubre de 2012

Y la amaba.

Terminó de escribir mientras sonaba el solo de guitarra de Hey Joe!, versión Hendrix, interpretada en una de las Sesiones de la BBC. Fue como una epifanía.
El cuarto estalló en luz roja del atardecer, el viento irrumpió decidido pero gentil. Por un instante una metáfora de armonía cubrío el ambiente, normalmente anodino. Ansioso ya, no podía sino esperar la hora de encontrarse con ella, mostrarle su obra, su descubrimiento estético con el que - ya lo imaginaba todo, las conferencias, las reverencias de los pseudo intelectuales - se cambiaría la forma de escribir y de interpretar el mundo. La sociedad contemporánea presentía el momento de su renovación, incluso cuando sonó la última nota del iluminado Hendrix. Eternidad era lo que le esperaba.
Cumplido el angustiante plazo, salió a su encuentro, al final de la jornada universitaria. La envolvió con una abrazo insospechado, le besó fuerte una mejilla y luego un susurro en los labios que parecía un te amo. No dijo nada más y apenas pudo ver su rostro. Le extendió el manuscrito y se retiró unos pasos para tener una mejor perspectiva de las reacciones sucitadas por su obra. Él esperaba estupefacción, esa sensación pétrea que algunos adoptan ante la magnificencia. Pero un salto con los brazos extendidos hacia él y un beso acompañado de lágrimas por la experiencia mística también sería adecuado.
Leía atenta, lo miraba brevemente, volvía al manuscrito y sonreía. Sus ojos eran dos grandes hoyos marrones entre nubes blanquísimas. Nunca antes había notado tal belleza.
Silencio y una sonrisa perfecta en su rostro. Súbitamente, ya no había distancia entre los dos, sus manos se adelantaron a tomar su cintura. Ella lo miró con ternura, con el genuino amor que sentía por él.

- ¿Cómo así...?