miércoles, 31 de octubre de 2012

Muerdo las cuerdas que juntan las teorías en un amasijo iracundo, a ver si encuentro el gusto a este arrebato epistemológico que me obliga a soñar con utopías, porque, al final, todo es cuestión de método.
Y me pierdo cazando la ciencia de los versos, por eso prefiero las prosas cansinas pero predecibles, las que dejan rumiar el tema y tumban del agotamiento, las que me esperan para el cambio de rutina, tan seguro como que cada exhalación oxida los engranajes. Poco a poco.
Ahogo cantos en las conjeturas para que se conviertan en pesadillas, en licores exóticos que van revelando las cuotas de la imposible cordura.
Todas mis versiones de la paciencia, de la agonía y de mis fantasmas constituyentes desfilan como un sueño de Kurosawa, como un designio trazado desde el primer suspiro, ese que no se recuerda pero que inició todas las pulsiones.
Busco, porque los caminos incitan...

lunes, 29 de octubre de 2012

Digresión

Causa curiosidad cómo se ha pretendido llevar a cabo la justicia en nombre de la uniformidad de pensamiento, en una regresión disfrazada de bien común que exige un acatamiento acrítico de ciertos valores sociales que, en el fondo, no están bien fundamentados. La sociedad moderna ha edificado todo un sistema de creencias en la institucionalidad del Estado como defensor de un deber ser universal, sobre la base de falacias que la ciencia se ha encargado de validar.
La concepción liberal del hombre y de la sociedad, parte del reconocimiento de las libertades individuales y de las instancias e instituciones que hacen posible el ejercicio de tales libertades. Al Estado moderno, escenario privilegiado del ejercicio del poder, se le anteponen los elementos éticos y políticos del liberalismo que pretenden prevenir la aparición del absolutismo gubernamental y las intenciones de restringir el acceso a la verdad de los pocos que detentan el poder. Los argumentos que aducen los autoritarios, los dogmas y las ideologías se oponen al liberalismo, en cuanto no hay espacio para la deliberación racional de los preceptos y valores que guían una sociedad.

El problema racional que enfrenta el liberalismo, consiste en la fundamentación epistemológica de los valores que intentan enarbolar, terreno en el que no se encuentra en mejor posición que sus detractores. La ascensión de la libertad como valor fundamental termina en arbitrariedad y contrario a las normas de la ciencia positiva, en tanto no existe ningún medio para comprobar los postulados morales y políticos del liberalismo. Sin embargo, siempre se ha podido acudir al argumento de la tolerancia como elemento constitutivo del liberalismo y de su capacidad para acoger múltiples puntos de vista, lo que pretende constituirse en otro valor fundamental. El control racional de las creencias, no obstante, implica la superación de ciertas fases en la argumentación tendientes a dar primacía a unos valores por encima de otros, haciéndolos ver como incompatibles con el valor supremo.

En este proceso, donde los liberales entran en el aprieto de intentar demostrar de manera científica positivista la validez de sus postulaciones éticas, se llega a la imposibilidad de defender las propias posiciones, y si el liberalismo no se contradice, cualquiera podría estar en la capacidad de argumentar posiciones radicalmente contrarias a las del liberalismo acudiendo básicamente a los mismos criterios de validación. Es en esta incapacidad de determinar la validez de los juicios morales o valorativos mediante métodos racionales en que se basa el escepticismo ético. El liberalismo y el racionalismo unidos en la tarea de someter a examen crítico todas las posiciones, llegan al punto de no admitir ninguna razón posible que se encuentre por fuera de sus valores constitutivos y el escepticismo ético se configura en una especie de postura facilista que permite salir al paso a los debates y que se configura en parte constitutiva de una arbitrariedad con “buenas intenciones”.

Se trata de plantear las preguntas, porque todas son necesarias.

sábado, 27 de octubre de 2012

Ichi, ni, san…
Ichi, ni, san…
Los pasos, uno detrás de otro, monótonos y simétricos,
unidos por el ritmo cansado y… el destino.
He llegado hasta donde estoy y no he ido más allá,
el camino que he recorrido es el pasado
y lo único que puedo ver desde aquí es lo que mis ojos pueden ver.
La historia la tengo en mis pies y sus vestigios son las huellas,
es lo único que queda en el sendero,
evidencias de mi trasegar y de mi propia existencia.

Aparecés vos, la guardiana de los atajos indebidos,
caminando delante de mí, como si nada,
esperando que te nombre para mirar hacia atrás.
Yo, tomo las precauciones y me quedo en la seguridad de mis elucubraciones, 
en las aparentes tranquilas llanuras de las concepciones del mundo.
Te observo, oculto, pero con tu complacencia,
escucho tus historias narradas al viento obstinado en arrebatar tu pelo.
Yo me quedo en las apariencias,
con la máscara puesta y los discursos elaborados
sobre quien soy y lo que deseo.

La Canción es la Misma

Experiencias distintas, códigos diferentes para asaltar una misma realidad. Vos y yo somos muy distintos, pero en algún lugar indeterminado nos encontramos. Bien podrían ser épocas diferentes y que por azares del universo se cruzan en un mismo plano. Vías de acceso opuestas a un mismo lugar, sabemos que son historias particulares, con sus propios bemoles y afanes. Por eso, tal vez, no sienta nada en la piel y hasta den ganas de jugar desde este lugar tan estrecho que es mi propia historia. Muchas veces no encuentro puntos de referencia, se me confunden con los lugares olvidados y los fantasmas que los habitan; pero resulta que los míos están bastante domesticados y de una u otra manera logro controlarlos con encantos que llaman al orden.

Mis opciones para escapar son tan racionalizadas como peligrosas para perderse definitivamente, porque la contingencia se hace cada vez mayor y la indeterminación se convierte en una amenaza constante contra la que no se puede luchar. Las contradicciones se hacen cada vez más profundas y ante la falta miedo no existe nada que te indique cuando debes regresar, la illusio se puede prolongar infinitamente y no hay manera de encontrar señales coherentes. El limbo sería un lugar más apacible. Mi deseo se encuentra en…

Las calles también son tuyas, también es tuyo el asco y la desesperanza, como tuya es la inocencia que te ofrendé un día. Después de tantos años no hay arrepentimiento, sólo demasiado tiempo acumulado entre nosotros, una extensa distancia que nos separa del punto donde, por casualidad, nos encontramos.

Ya nunca tus calles serán las mismas que yo recorro, ni las personas conservarán los rostros que imaginaste en tu cabeza, por capricho. Tú olvidas y yo lo recuerdo todo, vos sos tan etérea y yo terrenal, tú falsamente espontánea y yo ridículamente calculado. Esta ciudad carga las incoherencias de tus actos, fue testigo de mi acecho a tu figura, tratando de encontrar ese viento púrpura que tanto te molestaba, pero solo me fue posible hallar el polvo que cubre los edificios del centro y la brisa que baja de los farallones. Esta ciudad lo tiene todo para hacer claudicar a cualquiera que pretenda encontrar su esencia, su necedad, su irracionalidad, su aroma a sexo de morena ardiente te hace pagar el atrevimiento.

Todo queda en la memoria, en la palaciega habitación de los absurdos junto con mi caminata por todo el continente, mis días de comunista. Persiguiéndote me encontré en el exilio del tiempo que me tocó vivir y en el proceso te convertiste en un espectro atrapado en un cuadro, una foto o un libro. Ahora se que siempre estuviste ahí, terriblemente presente, sos parte del juego, como las calles que me ahogan con sus obviedades.

viernes, 26 de octubre de 2012

Esquema de Autodestrucción.

Sepultar sin lágrimas lo que se anticipó a morir, las cosas que se agotaron en posibilidades, los sentimientos que se esfumaron en la duración de un pensamiento vago e inútil.

Vender el alma por el conocimiento del mundo; desde una torre de piedra vigilar la vida, sentenciar lo profano y lo sagrado. Razones sobran para convencer de habitar el dulce infierno.

No esperar nada de nadie. Aceptar halagos para precipitar la esclavitud. Preferir la soledad, que nunca abandone el cuarto oscuro. Tener la esperanza de la autenticidad banal, de sacrificio por ideales vacíos, que más da si todo era igual y será lo mismo. Esperar el acto adecuado, agazapado.

No arrepentirse, ignorar la memoria. Utilizar las falacias de la voluntad para caer bajo, sin pedir perdón. 

Repetir, repetir. No saciar el hambre.
Hace falta una historia o hacen falta excusas para enfrentar las épicas cotidianas. Desde que me conozco, las respuestas han sido elusivas y ese pequeño detalle se ha convertido en reiterativo castigo, en el mundo incongruente donde todo se inventa por pedazos y a destiempo, como un instrumento desafinado interpretado por quien carece de ritmo, pero que persiste en su proceder. Las historias empiezan, pero no alcanzan a confrontar el núcleo del dilema sino es de forma irrelevante, porque la condición humana se esconde en artilugios intelectuales. Nada termina y todo vuelve a empezar… el perro persiguiendo su propia cola.

Ni es útil ya...

El silencio tiende a convertirse en palabras,
en fórmulas intrincadas de las expectativas.
Reacción en cadena que desata consecuencias sin identidad con sus causas.
No te percatas de los detalles y yo insisto en el fondo del asunto,
porque la disputa por la razón es más grande que el fin mismo.

Ya no tengo idea donde ha empezado todo, ni es útil ya.