miércoles, 21 de noviembre de 2012

Las cicatrices quedaron después de recorrer tu exuberancia sobre estimada,
Señales de la impertinencia y el desafuero
Cuando nos descomponíamos en azarosas recriminaciones,
En las inminentes huídas al vacío que nunca nos salvaron de nuestros encantadores tedios.

Óxido en las confesiones y en las contriciones,
Caminos andados y desandados
Turbiedad inmensa en los ojos antes diáfanos,
Habitas las canciones imprevistas del vacío
Que no fui capaz de predecir.

Tengo mil candados en los dedos para vos,
La clausura subliminal de los sueños
A cambio de los torrentes antigüos en los que sumergíamos la voluntad.

Ya tengo mis cicatrices y la lección en entredicho.

martes, 20 de noviembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte III)

"Nada nos ha sido legado, por eso nada nos pertenece, ni la tierra que pisamos ni la historia que nos sufre. Nuestra patria es el desarraigo. 
Pasos errantes a través de cientos de años, generaciones desgastadas en las luchas inconsecuentes en las profundidades del monte; la sangre, confundida con el barro, ya nos emparenta a todos. 
Nuestro lamento aún no se apaga, lleva el ritmo de la ideas imperecederas de la justicia, porque la razón no divaga cuando nuestra fuerza va sumando voluntades. Ya nada podrá callar esta voces antes silenciadas.

La esperanza es un trabajo de tiempo completo que nos mantiene ocupados, renovando los sentidos y los significados de lo que nos rodea. La esperanza es, en si, una revelación, el resultado de desintegrarnos en nuestras partes más pequeñas para reconstruirnos en un mundo mejor. La esperanza nos exige estar siempre presentes y no perdernos en ensoñaciones. Un mundo mejor posible parte del reconocimiento de los peores defectos de éste que no correspondió vivir por obligación, implica el desistimiento de aquello que nos constituye en hijos de antiguos regímenes. Se debe desaprender para reiniciar el camino con pasos renovados, por rumbos consecuentes con nuestra humanidad".

La razón me tiene aquí, tratando de encontrar una solución a sus efectos. No he encontrado mayor contradicción que ésta, lo que me condena es lo que me puede salvar.
Trato de escapar, escribir la narración definitiva, esa que encierre la condición humana en renglones como rejas; pero llegan primero las utopías insatisfechas, como amantes malqueridas que acechan en los dobleces de la soledad. ¿Cuántas noches más me robarían?
La trampa siempre resulta, a pesar de mi y por causa mía...

No me rindo, sólo respiro y trato de retomar el último punto coherente.

Miles de víctimas y todas tienen el mismo rostro lavado, blanco y calcificado. No podremos reivindicar todos los sacrificios y los oprobios sufridos.
No puedo evitar sentirme impotente ante tanta miseria, cautivo de las letras y los azares dialécticos. Sin embargo, entiendo mis posibilidades y limitaciones. No tengo el carácter del guerrero que no teme al campo de batalla. Mi lugar es éste, destinado a esta tarea como una condena, sin poder renunciar a este mandato.

En este discurrir monótono, termino pensando en todo lo que he perdido, en el tiempo que he dedicado a edificar los muros de la soledad y que me han alejado de manera irrevocable de los sueños de la juventud, cuando éramos dos los que contemplábamos el horizonte con optimismo.
Te recuerdo en tus atrevimientos y yo en mi ignorancia, en el juego que nos fue envolviendo, queriendo tu presencia y anhelando tu ausencia, porque siempre me gustó extrañarte, porque lo que se tiene ya no se desea. Entregarme a tus brazos fue sólo una intento de convencerme de la posibilidad de una vida sin las tribulaciones para las que estoy hecho.
Pero esas posibilidades, ese mundo mejor, no son más que un mito mediocre, un romanticismo fuera de tiempo que me devuelve a los desvaríos, a los fangos de la contemplación sin consecuencias.


lunes, 19 de noviembre de 2012

Costumbre

Te busco por costumbre, en un ejercicio arqueológico de lo que es, aún, innombrable.

Te busco porque no me nace evitarlo, porque en la consumición del tedio te pareces a las primicias que vuelan afuera, en el jardín.

Te busco porque no he aprendido a evadirme, aunque no sea inminente tu presencia y prefiero adenlantarme a las circunstancias.

Te busco porque los pies me lo exigen y los caminos son cómplices de tu mimetismo y no me doy cuenta que te recorro.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Motivos innecesarios.

La ciudad  se descubre contradictoria en todos los sentidos, porque se ama y se odia; porque la ciudad se vive sensualmente pero se desencanta por los medios más racionales, para después intentar revertir el proceso.

La ciudad es una mujer, una mujer que se pierde y se encuentra, se revela tristemente como algo que se fue, que no puede ser renovado y condensado en una sola comprensión unidimensional del asunto. El asunto es de pasión, desesperación, de no poder encontrar un lugar adecuado en el mundo. La ciudad es una mujer que no termina nunca de morir.

Pensando la ciudad, entonces, ella se desintegra y yo me pierdo en ese caos. Me invento una historia, que es mi historia particular, para poder guiarme y poder entender, para poder encontrar sentidos

Fragmentos de una fotografía hecha pedazos.

Profética.

Es un hombre común y corriente, que va llegando a los treinta y no le ha ido muy bien en la vida. Eso es lo que cree y los demás se han encargado de reforzarlo durante los últimos años. Tiene una novia a la que adora. Es posible que de lo único que esté seguro es que la ama. Un día se despertó con una terrible certidumbre que le apretó el corazón. No supo exactamente qué era, pero el miedo no lo dejó racionalizar la situación, mientras el impulso lo llevó a llamarla. Apenas escuchó su voz, comprendió qué estaba pasando. Las palabras salieron en un torrente, en un reclamo sin razón aparente. Al otro lado de la línea no se escuchó nada. El silencio de la culpa. Él descubrió en sueños que su novia le engañaba con otro hombre. Luego, descubriría que ella estaba comprometida en matrimonio, un matrimonio por interés, por comodidad, ya que ella terminó por convencerse que él es un pobre diablo.

Speak in other language.

Hablas en otro lenguaje,
estrategia de confusión.
Escribo sobre los días extraviados,
evasiones cotidianas.
La comunicación es imposible, inútil sin los códigos comunes.

Y, entonces, ¿qué hacer?
Si pudiera inventarme una maraña de sonidos, lo haría,
con el riesgo de convertirme en acertijo o en caos efímero.

Luego alguien aparece, primero como un espectro, tal vez una premonición. 
Los suspiros ya no son tan largos, la respiración recobra la serenidad.
De vuelta, no hay nada que decir.
El Silencio, la noche oscura, los grillo tímidos entre la hierba.

¿Será una certeza o un fantasma?...
Las explicaciones pueden ser las más simples,
los detalles obvios o, por capricho, cualquier cosa que se aparezca frente a los ojos.

Y si los sentidos engañan poco importa,
la tranquilidad retorna a los huesos,
a pesar de todo sigue lloviendo,
sigue saliendo el sol,
sigue la tierra dando sus vueltas…
No hay que dar explicaciones cuando las palabras son incomprensibles.

Yo te sigo viendo todas las noches,
escondida entre las cobijas
con el frío encerrado en tus piernas,
en las escaramuzas sonámbulas
en busca de los labios atrofiados,
las caricias intraducibles de dos cadáveres fraternos.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Esta tarde no me alcanza para escribirte, los ánimos ya han ido menguando.

Esta tarde que sorprende con fríos verdes y ponientes rojos, la montaña que me traga y me intenta renovar en una amarga nostalgia.

Te imagino mirando este cielo paternal, respirando este aire brioso, transformándolo en suspiro.

Te imagino encendiendo una esperanza cada noche, para encontrar el cavader rígido sobre la mesa, esparcido en formas proféticas de un casual encuentro y una derrota eterna en nuestros brazos repelentes.

Y me levanto del asfalto para vaciarme en los pesados pensamientos de la culpa, camino como practicando las evasiones por las esquinas abandonadas, porque no encontré ningún camino seguro por tus cauces, porque no fui capaz de tomarte de la mano y dejarme a la gravidez de la indeterminación, sin retorno, pero con arrepentimiento.

Esta tarde invoco tu presencia amorfa, tus ganas cicatrizadas, tus decepciones vacías.
Llega la noche corriente y el rostro lapidario de la indiferencia.