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sábado, 3 de agosto de 2013

Hasta ahora me entero...

Nunca te he esperado.
He salido a cazarte pretendiendo que camino con vos.
He buscado todos los caminos que se crucen con los tuyos,
He puesto señales para que llegues a mis desvaríos.
Nada entre los dos ha sido casualidad.

Dulcemente,
No has notado que soy irrevocable,
Que ya vives la condena.
Que, ahora, camino a tu lado por convencimiento,
Que no quiero soltar tu mano.

lunes, 15 de abril de 2013

Esa ventana.

Las ramas se movían por causa del sadismo del viento. No sé por qué razón no se cayeron. Por la pequeña ventana se veían los rayos partir el cielo, la lluvia incesante, los ríos en la calle. No tenía más que mis pensamientos y el sonido de la respiración. Ella había salido, apenas pasada la media noche. No entendía por qué permanecía allí, no sé qué era lo que esperaba. Evidentemente a ella, pero ¿para qué?

jueves, 21 de marzo de 2013

Somos dos mundos, amor, que se intuyen y se repelen
Se alinean en imposibilidades siderales,
En inconveniencias y desacuerdos.
Somos astros huérfanos, ansiosos…
Somos el vacío cuando nos miramos
El todo cuando nos extrañamos.

domingo, 24 de febrero de 2013

Lo que nunca te diré.

Lo que nunca te diré, porque ya soy incapaz de hacerlo.
Lo que nunca más te diré, porque me cansé de querer fundar realidades con explicaciones, propias de un materialismo vuelto al revés (nunca entenderías las referencias marxistas).

Y, sin embargo, me imagino a los dos, cada uno desde su cachito de universo,
tratando de restablecer el espíritu maltratado, maldiciendo, de vez en cuando, las artimañas de la suerte que nos correspondió;
buscando rostros inocentes que se parezcan a la esperanza.

Aquello que nunca te diré, porque la verdad sí duele, se derrama en pozos de purificación y retorna a las fauces oscuras de la tierra, donde todo vuelve a ser nada, donde la nada reclama silencio.

No puedo definir nuestra naturaleza, pero tampoco he podido prescindir de los recuerdos de las noches que eran sólo de los dos, o los amaneceres cuando huía estando entre tus brazos y dormías en una belleza suspendida. Nunca te pertenecí ni imaginé las consecuencias.

Lo que nunca te diré está por ahí, si sabes buscar.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Vamos.

Caminemos primero,
porque nunca me has recorrido,
no conoces mis vericuetos
ni los abismos oscuros.

Mírame,
como si fuera parte del paisaje,
el tiple que se escucha entre las montañas
es la voz que susurra pequeños secretos
cuando te distraes.

Háblame,
de vez en cuando,
de tus odiseas irracionales,
de tu habitación y las sombras
que se forman cuando a dormir te vas.

Cántame una canción que no conozca,
que tenga los silencios suficientes
para hacerla majestuosa.

Siempre déjame a oscuras
con un beso que dure toda la noche.

sábado, 20 de octubre de 2012

Y la amaba.

Terminó de escribir mientras sonaba el solo de guitarra de Hey Joe!, versión Hendrix, interpretada en una de las Sesiones de la BBC. Fue como una epifanía.
El cuarto estalló en luz roja del atardecer, el viento irrumpió decidido pero gentil. Por un instante una metáfora de armonía cubrío el ambiente, normalmente anodino. Ansioso ya, no podía sino esperar la hora de encontrarse con ella, mostrarle su obra, su descubrimiento estético con el que - ya lo imaginaba todo, las conferencias, las reverencias de los pseudo intelectuales - se cambiaría la forma de escribir y de interpretar el mundo. La sociedad contemporánea presentía el momento de su renovación, incluso cuando sonó la última nota del iluminado Hendrix. Eternidad era lo que le esperaba.
Cumplido el angustiante plazo, salió a su encuentro, al final de la jornada universitaria. La envolvió con una abrazo insospechado, le besó fuerte una mejilla y luego un susurro en los labios que parecía un te amo. No dijo nada más y apenas pudo ver su rostro. Le extendió el manuscrito y se retiró unos pasos para tener una mejor perspectiva de las reacciones sucitadas por su obra. Él esperaba estupefacción, esa sensación pétrea que algunos adoptan ante la magnificencia. Pero un salto con los brazos extendidos hacia él y un beso acompañado de lágrimas por la experiencia mística también sería adecuado.
Leía atenta, lo miraba brevemente, volvía al manuscrito y sonreía. Sus ojos eran dos grandes hoyos marrones entre nubes blanquísimas. Nunca antes había notado tal belleza.
Silencio y una sonrisa perfecta en su rostro. Súbitamente, ya no había distancia entre los dos, sus manos se adelantaron a tomar su cintura. Ella lo miró con ternura, con el genuino amor que sentía por él.

- ¿Cómo así...?

viernes, 19 de octubre de 2012

Un amor oculto, la palabra fugaz que no vuelve a aparecer, la que es necesaria para completar la historia inaudita de las soledades paralelas.
Un millón de veces el mismo clamor…