viernes, 7 de diciembre de 2012

Vocación.

Mi vocación de cronista me obliga a leer tus nostalgias peregrinas, escritas en muros blancos y sinceros, en los lugares que alguna vez fueron hogar de las esperanzas.
Mi vocación me obliga a memorizar detalles, silencios y suspiros, guardarlos en una cajita que convierte los recuerdos en materia renovada, en tiempo vacante que espera a ser colmado de nuevas experiencias.
Mi vocación me obliga a no abandonar, así duela el alma en cada letra, aunque se caigan las estanterías de las ficciones sobre la crudeza de tus heridas y te deje sangrar con impotencia.
Mi vocación me obliga a morir lenta y definitivamente en cada metáfora que te dedico, en cada frase calculada para describir el abandono palmario en nuestros espíritus que ya no se engañan ni se pierden en estas crónicas interrumpidas.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte V)

Llueve, una vez más. Me incomoda la ropa húmeda y las gotas bajando por la cara. Tampoco me gusta el frío que queda debajo de la piel, es una sensación reptilia, como si la tierra me reclamara. Pero, si fuera un reptil, podría pasar inadvertido, moviéndome por espacios antes inaccesibles. Clandestinidad, esa es la palabra correcta, por lo menos, la más precisa para definir este ahogo que siento cuando el discurso brota furioso y la voz no alcanza, se hace chiquita frente a las voluminosas incoherencias de la masa, esa uniformidad que absorbe, instantáneamente, lo que sea contrario a su dictado.

Tampoco alcanza la vanidad, me desdibujo. Me dejo llevar por las negaciones y el falso bienestar de la mediocridad. Inundado en desahucios, sonrío y vuelvo al trabajo, a martillar las palabras y a estirar las formas, esperando encontrar la valentía cuando ya no es necesaria, cuando sólo soy un héroe onanista, una caricatura de las grandes aspiraciones.

Nada, todo, siempre, nunca, absolutos ilusorios que no sirven para describir los matices que desgarran el pensamiento; esta complejidad abundante que atraviesas sin tocar causas ni consecuencias, complejidad que me abruma y me recrimina la cobardía, me llama a la lucha y enseña sus dientes, me muestra tu rostro y te vuelve prófuga de las definiciones, porque también sos clandestina en mis elucubraciones presuntuosas. No se cuándo aparecerás, ni cuánto tiempo te quedarás husmeando en mis frustraciones, convencida de poder cultivar oro en la arena, insistiendo, creyendo más alla de mis veredictos.

Y está el viento sur que me invita a salir de los claustros y los soliloquios para enfrentar las indiferencias y la normalidad cancerígena. Escucho canciones que provienen de afuera de esta totalidad embrutecedora, suenan a desafío de clamor subterráneo. Las escucho en medio del tráfico, armonía de las miserias y las injusticias. Las canciones no paran, se van sumando voces e instrumentos: tiples, bandolas, charangos y quenas, en cadencias marciales que han estado oprimidas, enterradas en las montañas usurpadas, encadenadas a costumbres revendidas como dogmas a los ignorantes parlanchines. Un mercado grande y próspero que ya huele a podrido, mientras la orquesta estalla, sin dejarnos sordos, abriendo los portones oxidados de este destino impuesto.

martes, 4 de diciembre de 2012

Lluvia en diciembre.


Él
Tiene ganas de llover.

Ella
Dile que lo haga,
que no la detenga el viento

Él
El viento la incita

Ella
Que se envuelva en él y se deje llevar,
se deje correr.
Que si queda más
se vacíe de memorias,
que cuenten nuevas historias de amores bajo la lluvia
de lluvia hecha de amores...

Él
Que deje el aire limpio,
las montañas lavadas y los ríos rejuvenecidos.
Que la tierra se alboroce,
que se tiña de fertilidad.
Que mis manos se colmen
y que la sed se apacigüe

Ella
Que llene de fresco renuevo en la mente,
liberando temores,
soltando amarras,
liberando corrientes.
Que expandan las alas,
que volar mojado de su rica humedad,
enredado en el viento
sin un pensamiento,
con todas las de ganar.
Que alivie la fiebre que guardan tus venas
que explota en tu alma
llevándote lejos,
volando bien alto

Él
Se pierde la vista,
se detiene el aliento,
en el canto del agua
y el capricho del cielo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Un hombre.

Callado, frente al precoz estertor de la genialidad,
espera un hombre que su elección haya sido acertada.
Tiene todas las ideas, pero una sola voluntad,
delgada y débil, como la llovizna que lo riega pero no lo moja.
Un conato de existencia programada para extinguirse en la medianía de las intenciones,
en la tibieza del pensamiento.
Miles de hombres, una máscara. Miles de máscaras y un hombre.
Esta es la comedia de las imprecisiones, en escena desde siempre.

Aprendizaje.

Estoy listo para la caída,
soltar el orgullo y desgarrar el horizonte con los dibujos de mi alas sobre el cielo.

En los sueños fue inevitable,
la fuerza desbordaba;
imprescindible para el espíritu cautivo de esos ojos omnipresentes.

Desnudo en estas cimas, el frío ya no importa,
la claridad abrumadora del paisaje llama impaciente.
Tampoco importa si, al final, queda una mancha solitaria en el tapiz verde.
De cualquier forma volaré.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Así.


Es posible, todo,
Mientras hayan espacios para llenar

Todo puede ser
En tanto la voluntad
Sea patria libre y sin fronteras

Nada,
Tan absoluto como ilusorio,
Nada se parece a la eternidad.

El vacío.


El vacío,
Reto cotidiano
Envuelto en la respiración.

Ansias vuelan como cometas
Enredadas en los cables de la luz.
Pensamientos en celeste y gris
En la alfombra encapotada.

Y empiezo a escribir,
Como sosteniendo el aliento,
Como respirando el tiempo.