lunes, 3 de diciembre de 2012

Un hombre.

Callado, frente al precoz estertor de la genialidad,
espera un hombre que su elección haya sido acertada.
Tiene todas las ideas, pero una sola voluntad,
delgada y débil, como la llovizna que lo riega pero no lo moja.
Un conato de existencia programada para extinguirse en la medianía de las intenciones,
en la tibieza del pensamiento.
Miles de hombres, una máscara. Miles de máscaras y un hombre.
Esta es la comedia de las imprecisiones, en escena desde siempre.

Aprendizaje.

Estoy listo para la caída,
soltar el orgullo y desgarrar el horizonte con los dibujos de mi alas sobre el cielo.

En los sueños fue inevitable,
la fuerza desbordaba;
imprescindible para el espíritu cautivo de esos ojos omnipresentes.

Desnudo en estas cimas, el frío ya no importa,
la claridad abrumadora del paisaje llama impaciente.
Tampoco importa si, al final, queda una mancha solitaria en el tapiz verde.
De cualquier forma volaré.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Así.


Es posible, todo,
Mientras hayan espacios para llenar

Todo puede ser
En tanto la voluntad
Sea patria libre y sin fronteras

Nada,
Tan absoluto como ilusorio,
Nada se parece a la eternidad.

El vacío.


El vacío,
Reto cotidiano
Envuelto en la respiración.

Ansias vuelan como cometas
Enredadas en los cables de la luz.
Pensamientos en celeste y gris
En la alfombra encapotada.

Y empiezo a escribir,
Como sosteniendo el aliento,
Como respirando el tiempo.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Antes de morir.

Aspiro a que se agoten todas las manifestaciones de la credulidad
Que la tibieza de las intenciones ardan en hogueras de rabias estancadas.

Espero que las palabras ayuden a proclamar el descenso de los ídolos
Que narren las crónicas de los desposeídos y parias
Que no contradigan la justicia inevitable.

Deseo que el claroscuro no nos reclame
Que los puntos medios sean tierras extrañas
Que las conjugaciones de los invisibles jueguen a nuestro favor.

Clamo por el fin del sueño
Por un trueno que nos despierte
Por las razones francas y las calles abiertas
Que pese más la voluntad que el hambre
Que el sacrificio no sea mayor que el premio.

Te espero en el fin
En el reinicio silencioso
En el preámbulo de la guerra.

Olvidos.


Las olvidadizas tempestades dejaron los ríos moribundos,
Los ánimos quebradizos
Y las promesas colgadas de los vientos
Fríos, secos.

Nuestro oráculo sentencia espesas predicciones
De las plenitudes estériles y solitarias,
De nuestras oraciones vacías
Enviadas a conjurar los eternos sinsabores.

Pesos escondidos en las sombras
Nos arrastran a los consuelos
Que nos arrancamos
Apenas sentir el tibio en las mejillas.

Mesuras extraviadas,
Razones inasibles,
Recuerdos insondables
Que remontan las pasiones.

En la periferia de los sueños
Aquellos asuntos incompletos
En el desierto abandonados,
Detrás de los espejos,
En el claustro de los deseos desahuciados.

lunes, 26 de noviembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte IV)

La niñez, los recuerdos, la locura.
El olvido habitado.
Los lugares comunes.

La habitación vacía, las calles sucias.
La plaza atestada, la ciudad anónima.
Todas las recurrencias toponímicas.

No hay un espacio que no se haya recorrido impunemente, sin dejar ninguna ninguna impresión que quede como una pequeña reliquia para heredar.

Tengo todos los pasos en cansadas meditaciones, prospectos de historias de los dominados que no encuentran los motivos necesarios para abandonar la sagrada comodidad de los barrotes invisibles.

Tengo todas tus sonrisas en un cuaderno violeta que se aprovecha de mi debilidad y me seduce cada noche para escribirte una carta.
Cada carta es una parte, una molécula de la sustancia de que está hecho el arrepentimiento.