sábado, 3 de agosto de 2013

Día de suerte.

Preguntás como si la curiosidad escaseara.
Me mirás como si fuera a diluirme en el aire.
Insistís con fingida paciencia a que elabore las respuestas.

Yo juego con la taza del café,
Mientras escojo las palabras que no delaten las emociones.
Vos crees que controlás la situación
Y yo todo se lo dejo al azar,
Porque decidiste recoger el mensaje en la botella
En el medio de este mar de anónimo bullicio.

Hasta ahora me entero...

Nunca te he esperado.
He salido a cazarte pretendiendo que camino con vos.
He buscado todos los caminos que se crucen con los tuyos,
He puesto señales para que llegues a mis desvaríos.
Nada entre los dos ha sido casualidad.

Dulcemente,
No has notado que soy irrevocable,
Que ya vives la condena.
Que, ahora, camino a tu lado por convencimiento,
Que no quiero soltar tu mano.

Ella allá.


Otra vez en un rincón, atrincherada, disparando miradas, unas de inconformidad, otras de escepticismo. Ella no quiere parecerse a esos sueños que le llegan cuando se acuesta con la espalda dolorida, no quiere que se la trague ese camino polvoriento que desemboca en esa mina negra, como una garganta de la montaña que se asoma para capturar almas.

Pero se deja llevar por las aguas quietas. Poco a poco la van alejando de la seguridad de la rivera y la confrontan con un horizonte circular e infinito. No sirve ni el pánico ni la angustia, algún día llegará a una isla donde poder resignarse con tranquilidad.

No sé si la imagino o la recuerdo, en medio de la calle, quejándose por el viento frío y por la falta de otro cigarrillo. No sé si fue un beso solitario o la imposibilidad de que me llevara a su soledad. No sé si llegará el musgo a cubrir los pasos, no sé si a esa ciudad se la tragará el monte, algún día, antes que se termine la historia de las inconformidades.

lunes, 29 de julio de 2013

Un silencio.

Callar por gusto y no por arrepentimiento,
callar porque el alma se ha sentado a rumiar las lecciones,
no para ocultar los crímenes de la insatisfacción del cuerpo.
 
En una calle quedaron vestigios de una redención inconclusa,
se van componiendo los presagios de una lenta descomposición
como el viento que se va llevando los edificios,
grano de arena por grano de arena.
Mas allá de todo quedarán las dunas silentes.
 
Callar porque espero que un imposible no sea justificación del abandono,
callar porque al nombrarte desapareces.
 

martes, 4 de junio de 2013

Música para dormir.

Yo era el niño que todas las noches repasaba el mismo casette, el concierto de Supertramp en París. El Crimen del Siglo abría las puertas del sueño.

Soñaba que este valle volvía a ser un pantano atemporal, que los árboles recuperaban en una sola noche el suelo arrebatado por el cemento, que los jaguares masticaban miembros de peatones desprevenidos. Luego, alguna serenidad uterina llegaba y todo era sordo, de algún amarillento anciano. Yo era el que renacía cada mañana de entre las entrañas del miedo y las tumbas de los dioses. Cada amanecer se derruía un templo hasta que la inocencia abandonó el cuarto.

Quedó la costumbre de no creer en nada y de enjuiciar las seguridades. ¿A qué aferrarse? A todas las preguntas y las posibilidades de respuestas, a las especulaciones de las sombras, eso que permanece y no se oculta. Ahora, de vez en cuando, puedo ver una luz que se prende y se apaga, que aparece y desaparece en ese horizonte discontinuo.

Es una canción inagotable.

jueves, 30 de mayo de 2013

Equipaje.

En la mochila cargo pajaritos disecados,
invitaciones que nunca correspondí y un testamento inoponible.

De los encuentros no he tomado más que un par de fotos.
Están descoloridas y ajadas, 
los rostros  son desconocidos.

No hallo cuando busco,
ni poseo cuando reclamo.
No tengo viajes registrados 
o cartas de despedida.
Y la brújula está dañada.

Algo se ha perdido,
se cayó por el bolsillo roto y no sé que será.
Sólo sé que cargo un vacío.

La canción no es la misma.

sábado, 25 de mayo de 2013

Mañana...

Mañana de árboles sin nombre
En calles indiferentes.
Un mal sabor en la boca,
Una mala palabra casi desprendida,
Un tormento nacido de la nada.
La angustia se siente como acordes que no progresan,
Una repetición incesante de un principio
Donde todo está abierto, todo es expectativa.
Un comienzo...

Ella no sabe nada.
No sabe nada pero carga con el núcleo del dolor.
No sabe porque puede inventar la noche, puede crear el amor
Pero prefiere seguir hilando la soledad innecesaria.
Ella no sabe nada pero espera y, a veces, no sabe qué espera,
Porque la costumbre justifica el tiempo.
Nada termina en el tiempo redondo de la paciencia sin causa.

Yo me desintegro en fantasías de apocalipsis personales.
Busco razones y encuentro abrazos incompletos,
Busco casualidades por sendas que había abandonado.

Me levanto y los árboles anónimos no han cambiado de lugar,
Ella no conoce la razón de mi nerval desconsuelo pero sigue esperando,
Cargando la maleta vacía y no se da cuenta.