viernes, 16 de noviembre de 2012

Esta tarde no me alcanza para escribirte, los ánimos ya han ido menguando.

Esta tarde que sorprende con fríos verdes y ponientes rojos, la montaña que me traga y me intenta renovar en una amarga nostalgia.

Te imagino mirando este cielo paternal, respirando este aire brioso, transformándolo en suspiro.

Te imagino encendiendo una esperanza cada noche, para encontrar el cavader rígido sobre la mesa, esparcido en formas proféticas de un casual encuentro y una derrota eterna en nuestros brazos repelentes.

Y me levanto del asfalto para vaciarme en los pesados pensamientos de la culpa, camino como practicando las evasiones por las esquinas abandonadas, porque no encontré ningún camino seguro por tus cauces, porque no fui capaz de tomarte de la mano y dejarme a la gravidez de la indeterminación, sin retorno, pero con arrepentimiento.

Esta tarde invoco tu presencia amorfa, tus ganas cicatrizadas, tus decepciones vacías.
Llega la noche corriente y el rostro lapidario de la indiferencia.

jueves, 15 de noviembre de 2012

La Paciencia de la Lluvia (Parte II)

Era un hombre como yo. En una mano un cigarrillo, aún sin encender, la otra mano dentro del bolsillo acariciando el mango del puñal, tratando de no precipitarse, porque sólo quiere intimidar, que le suelten el dinero sin problemas. Pero nunca sabemos que se puede desencadenar, el miedo nos muestra tantas formas de la oscuridad interior, que es imposible predecirnos: sabía que se puede morir por unos pocos pesos o por un celular barato.

Creo, a veces, que quiero creer, que es posible abandonar este estado de escepticismo que se entreteje con la decepción.
Sueño, ya no muchas veces, que puedo volar por encima de los cables encarnados en el paisaje, nervios que sobresalen de la piel rugosa y sucia de las ciudades. Sueño que los edificios estan hechos de gente, que la calidez no desaparece con la luz del día y que las calles no son anónimas.
Pero me pierdo en mis propios rumbos, como siempre, engañado por mi propia historia, en las señales mal interpretadas y las experiencias ambigüas de esta época que se desolidifica para tornarse en pegajosa toxicidad.
La mayoría de las veces me llevo un golpe de realidad, que no sorprende en absoluto.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Ahora que lo pienso...

Nadie notará que tu nombre se escribe con letras inacabadas,
porque la clandestinidad ha sido persistente en nuestros rostros.
Nadie preguntará qué ha sido de nosotros, porque el verbo no alcanzó a ser conjugado totalmente.
Nunca una obra que requirió de tanta sangre y tanta sal,
ha quedado tan perfectamente suspendida en el anecdotario de las inconveniencias.
Nuestro legado es la incompletitud,
la nostalgia de los deseos renunciados,
cuando empezábamos a satisfacernos.
Nadie reconocerá nuestros pasajes,
nuestros códigos o los preludios,
no somos gesta legendaria.
Somos un recíproco tormento obstinado.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Nocturno Intrascendente.

Un “para siempre”, hasta que alguien se esmere en recordar, hasta que la memoria alcance.
Entre todas las promesas que se hicieron,
con la luna de testigo,
no encuentro ninguna que satisfaga la ausencia, que reivindique tu figura
entre las brumas de la cama.

Todavía duermo con un ojo abierto,
mirando la ventana,
vigilando las luces de la calle,
esperando tu visita,
queriendo creer que me podrás encontrar, queriendo creer que quieres volar hasta aquí, como lo hago las noches más oscuras hasta tu armario para, desde ahí, verte dormir.

Soy un cuervo obsesionado con las estretegias, olvidadizo de su alimento.
Te tengo cuando no estás, porque lo que poseo se vuelve irrelevante.
Tienes el nombre de mi deseo y tus juegos son la fuerza de mi perdición.
Siempre que no estás, ya parece un “para siempre”.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La paciencia de la lluvia (Parte I)

Lo supe la última vez que hicimos el amor. Todo terminaría en tragedia, pero no logré anticipar las dimensiones. Esa noche, sentí que éramos migajas de todo lo que nos habíamos prodigado hasta no hace mucho tiempo, sentí las consecuencias de la precipitación de las caricias y los besos, de la falta de madurez de las razones que necesitábamos para haber llegado a nuestro cansancio natural. No entiendo cómo las consecuencias finales se atraviesan antes de que los momentos felices lleguen a ser, por lo menos, un retoño con forma, un ser que pueda entender y afrontar las pérdidas de otra manera.

Hay historias que se van anticipando, que nos van convenciendo de estrategias ocultas. Por eso, cuando lo vi dormido a mi lado, sabía el resultado, los detalles del dolor que sufriríamos, pero no tenía ni un atisbo de las circunstancias que lo desencadenarían.

La lluvia no cesa, desde hace días siento un frío inusual. Trato de reconstruir los hechos, de desenredar el cuento y organizar las ideas, porque necesito entender, porque mi hija merece una oportunidad de vivir una vida distinta.

¿Por qué tuvo que volver? ¿Por qué tuvo que traer su legado y plantarlo en esta casa? ¿Por qué hizo lo que hizo?

No sé qué tipo de solución pretendía llevar a cabo, no sé si fue falta de valentía o un simple reflejo de la podredumbre que nos rodea lo que guió su mano. Fue un instante alienado de la madrugada, me regaló ese beso profundo, ese suspiro húmedo, me miró fijamente. En silencio se alejó como si se fuera a despedir de nuevo. Levantó su mano en un gesto vago. No me percaté del revólver hasta que escuché el disparo y vi su cabeza abierta caer frente a mi, su cuerpo largo y epiléptico...

No quiero recordar nada más.

domingo, 4 de noviembre de 2012

La última luna que nos acarició feneció, tantas estaciones atrás que nuestra geografía, tal vez, nos vuelva a confundir.
La colina y la calle que la serpentea se parecen a las fotos de la soledad, después de la guerra, desierto y sepia llaman la melancolía, los cadáveres esparcidos, congelados en el tiempo por artes caprichosos de la memoria.
Somos cántaros extraviados de la fuente, debatiéndonos entre el viento y el polvo, desterrados de las historias que fueron nuestras y que ya cuentan de otros héroes.
Nuestras voces son ecos de campanas anónimas, lejanas, víctimas del vacío absoluto que lo llena todo y nada deja escapar.
Siempre estar, ahí, parte del paisaje, abstraídos de nuestras propias circunstancias, inquilinos de la eternidad vacua y triste.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Ver la cara de quien ya no está, todos los días, hasta que su ausencia se vuelve usual y su espíritu no deja presentimiento alguno, ya no se extraña más.
El momento justo llega con un alivio en las piernas y una pequeña taquicardia, señales adelantadas del retorno que va completando su ciclo.
Otros afanes vendrán, otros rostros ocuparán el espacio desposeído por la determinación de seguir adelante, de recorrer otros senderos, hasta que nos cansemos de nuevo, hasta que las semilla que sembramos un día sean sombra generosa. Pero ya estamos lejos, ya el meridiano se refleja en los gestos.
Estamos lejos, pero aún no estamos cerca.